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Full text of "El banco agricola [microform]. Proyecto de ley presentado á la Camara de disputados de la nación en la sesion de agosto 8 de 1913"

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97-84002-4 

Frers, Emilio 
El banco agricola 

Buenos Aires 
1915 



COLOMBIA UNIVERSITY LIBRARIES 
PRESERVATION DIVISION 

BIBLIOGRAPHIC Mi CROFORM TARGET 

EXISTINQ BIBUOQRAPHIC RECORD 



MASTER NEGATIVE # 



308 

Z 

Box 11 



Frers, 

... El banco agrícola. Proyecto de ley presentado á la 
Cámara de diputados de la nación en la' sosion de agosto 
8 de 1913. Buenos Aires, Lnpr. P. Gadola, 1915. 

92, i2i p. 18*-. 

At hcad of tide : EniGo Fxm, diputado. 



1. Baoks and banldng. 
Atgcnime Reptiblic. 



Ubraiy, U. S. of 



il. Agrictiltural banksj 2. Agricultural creditr- 



- * 




Agrl5>1187 
Agricaltare 28i2Fa9 Q^^'V Éí/- 




RESTRICTIQNS ON USE: fí6pm<iuction8 may n<A be mada witnout pefmi^^ trom Columbia University Ubraríes. 



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EMILIO FRERS 3 0 ¿T 

DIPUTADO - -7 



|3 ír)«L 



EL 

BANCO AGRICOLA 



PROYECTO DE LEY 
PRESENTADO A LA CAMARA 08 DIPUTADOS OB LA NACIÓN 

EN LA •«•ion 



AGOSTO 8 DE 1913 



BUENOS AIRES 
IpprMtft P. GADOLA - ]UT«4*TÍa 77i 

19 18 




EMILIO FRER8 

DIPUTADO 



EL 

BANCO AGRICOLA 

PflOYECTO DE LEY 

PRESENTADO A LA CAMARA DE DIPUTADOS OE LA NACIÓN 

ra LA «MION 

OE 

AOOSTO 8 M 1913 



BOBKOS AI&BS 
UiprMilft P. OADOLA. - BtvaiATta TTi 

I • I e 



,1 



ií 



EL 

BANCO AGRICOLA 



lili MUI DE LA REPtUJU 



I 



PROYECTO DB LEY* 



El Senado y Cámara de Diputados, etc. 

Artículo Oréase un esUblecimiento 
que se denominará "Banco Agrícola de la 
República*' y cuyo principal objeto ser& 
proporcionar crédito ««rfcola en todo el 
p«Ss, promoviendo a ese efecto la creación 
de 'instituciones loealeB o estableciendo 
agencias y sucursales propias. 

^rt. 2". El ' ' Banco Agrícola de la Repú- 
blica" podríi además desemptóar las funcio- 
nes de casa central de todas las institucio- 
nes de crédito a que se refiere el artículo 
anterior, sean cajas rurales, asociaeiwies de 
crédito mutuo entre trabajadores, socieda- 



• Oomp. mi proyecto sobre «Banco Colonizador de la 
NMdáii Argentina. Diario de Sesiones de la Cámara de Dl- 

Mtados 1912. t. U. p4g. 186. 

Considero que es un gravísimo error refundir en un 
•olo establecimiento el instituto de crédito y el de coloni- 
Mdte Tm aee«sMri« el uüo eomo el otro, su misión es, 



— 6 — 

des cooperativas o bancos populares, dem- 
pre que lo soliciten y se conformen a las 
leyes y reglamentos respectivos. 

Art. 3°.— El ''Banco Agrícola de la Be- 
públiea" se ocupará de efectuar toda oíase 
de operaciones de crédito real y personal 
con agricultores^ ganaderos y empresas de 
colonización o de preparación y transfor- 
mación de los productos de la agrieultora 
y de la ganadería, debiendo observarse co- 
mo principio y regla general que los prés- 
tamos agrícolas se harán a plazos tan lar- 
gos y con amortizaciones parciales tan mo- 
deradas como sea posible. Podrá en conse- 
cuencia : 

a) Acordar anticipos y préstamos so- 
bre depósitos o con garantía de pro- 
ductos o útilfes agrícolas, meicade- 
rías, metales de oro o plata, wa- 
rrants, cédulas hipotecarías» fondos 
públicos, acciones y otros documen- 
tos representativos de prenda y en 



■io embargo, abMlatuDeBte difUate y lo ea «Mi|j«a tela 
dolé de sos operaciones. 

£1 concepto de la colonización tiene ea el daroeho pi- 
blico argentino y en el lenguaje administn^ro oaa d*> 
finiciOn qae no admite variantes ni torfi?erMeioBM. Oo* 
loaiaar, aa laSfyAUlM Argmtiai^ no «f «i m$ro h^o |t 



general sobre cualquier mercadería 
que represóte valor. 

b) Descontar y redescontar las oUiga- 
ciones de los institutos de crédito a 
que se r^re ü artículo segundo y 
efectuar con ellos y con otros aná- 
logos todas las operaciones autoriza- 
das por esta ley. 

c) Hacer adelantos para obras de sa- 
neamiento, drenaje o irrigación, así 
como para plantaciones de arboledas, 
coxffitTueeión de graneros, u otras 
mejoras destinadas a aumentar el 
valor de las propiedades o los ren- 
dimientos de su beneficio. 

d) Becibir depósitos a plazo ñjo o en 
cuenta corriente o en caja de aho- 
rros, librar y aceptar letras de cam- 
bio, vakB, pagarés y otros títulos de 

comercio. 

«) Comprar y vender por cuenta pro- 
pia o de terceros bi«im muebles o 



colocar colonos en cualquier parte, como aparceros, avren- 
datarioB o propietarios: es fnndar colonias; es poblar las 
tierras baldías de propiedad de la nación, de las provincias 
municipios o particulares con fines de utilidad piblica y 
goBio tarea y función pública a la vez. 

^fiofoco M la ooloaiMciOn partloalar o &coideatai &aj< 



8 



inmuebles, especies metálicas, cédu- 
las hipotecarías, fondos públicos y 
toda clase de títulos de crédito; ad- 
ministrar bienes y hacer locaciones 
conu) arrendador o arrendatario por 
cuenta propia o ajena; conferir 
y aceptar mandatos» otoigar trans- 
ferencias, colocar, tomar y con- 
traer empréstitos, emitir títulos, wa- 
rrants, obligaciones y todo otro do- 
cumento a la orden o al portador, 
constituir o incorporar otras insti- 
tuciones de crédito y sociedades coo- 
perativas o análogas y, en general, 
efectuar todas las operaeitmes licitas 
tendientes a la realización de sus 
fines en concordancia con el articu- 
lo primero. 

Art. é". — ^£1 Banco dentro del segando 

año de la iniciación de sus operaciones, 
deberá crear una ''caja de pequeños prés- 
tamos" destinada a atender aquellos que 



eamflBfee, >íb6 vm m gnuid» y paraasrate probMnaB»- 
doaal qM d«be Mr remwlto por hM Mdiea ■ a itf wi t i y 
omkM rMWWM aMeMifof. 

Ho M poiiklA «OBfudir •«mU» fnaciA» y mIm fam 
eon los de «w laitItMita OMMpidft MpodftlnMate do 
•pMPtwle lot podwoMM MltataiM M «rfdHo • I» «pteal- 



- 9 — 

no excedan de quinientos pesos moneda na- 
cional y que se ae<»Klaién en las eondieio- 

nes previstas en el artículo anterior, con 
pref ^neia a cualesqniCTa otros. 

Art. 5". — El "Banco Agrícola de la Re- 
pública" podrá tomar a su cargo la guarda 
y conservación de toda clase de frutos del 
país, productos agrícolas máquinas y, en 
general, de toda clase de mweadorias y 
efectos de com^»^ cobrando comisión, al- 
macenaje y gastos de ofmservaeión, según 
tarifas que deberán someterse a la apro- 
bación del Foder Ejecutivo. 

Art. 6^ — ^Del minno modo podrá recibir 
en depósito a título de prenda los objetos 
indicados en el artículo anterior, a los 
efectos del inciso a) del artículo tercero y 
en conformidisd con las leyes vig^tes; y 
tendrá los derechos, obligaciones y respon- 
sabilidades del acreedor prendario desde 
el momento en que se le entreguen las eo- 
sas afectadla. 



«M» ya raÜMda m «I fiii» m 1» adaMa ial 
taaea ágifeala. 

■aira al baaao Agifoola y al baseo Orioaiaadag, aa 
hay nia laaso oaala fia la Indole eomereial da i« e«M- 
tttadta. Bl primero es an iaitttato da evidila, «ctrial»- 



V 



Art. 7". — ^Para los ñnes de los dos ar- 
tículos anteriores el Baneo podiá habMitar 
depósitos, almacenes, graneros y cuales- 
quiera otros establecimieiitoB adecuados 
para la guarda y conservación de los ob- 
jetos, a cuyo efecto podrá construirlos con 
sus propios reeursofl o tomarkw en alquiler 
y por cualquier otro medio legal. 

Art 8^ — Debelé establecerse por lo me- 
nos una sucursal del Banco en cada pro- 
vincia y &i cada territorio nacional dwtro 
de loe primeros cinco años de la fundación 
de aquél El Poder Ejecutivo ñjará el ca- 
pital mínimum de cada una de «stas su- 
cursales. 

Art d».<-£l capital del ''Banco Agríco- 
la de la República" se fija en cien millo- 
nes de pesos moneda nacional, representar 
dos por dos millones de acciones de cin- 
cuenta pesos moneda nacional cada una, 
que se emitirán por soies de dosdmitas mil 
acciones pagaderas en una o varias cuotas, 
según lo disponga el Poder Ejecutivo. 

gnm M HaiUft a ato. Bl aecaado nIo piMda Uanam 
baneo por 1» fama de aa orfaolsaeMn; an vngamm Um» 
foe aer de un» eoupUJidad «stnordlaaria. 

Adanirir tiema, eatodiar ana etmdidOMa ffriirriaa. 
■edtalM, dlTidblM y amojMMriM, «oaatnlr o taear «oai» 



— u — 

Art. 10. — Bl Gobierno de la Nación to- 
mará la mitad de las acciones de cada serie 
y ofrecerá la otra mitad a la subscripción 
pública dentro y fuera del país. 

Las acciones que correspondan al Gobier- 
no serán nominales y podrán estar repre- 
sentadas por un bono general para cada 
serie. 

Art. 11. — Sin perjuicio de las sumas que 
especialm^te se destinen para el cumpli- 
miento de los dos artículos anteriores, que- 
dan afectados a los miamos (fines: 

I". El producto de la venta o arrenda- 
miento de los inmuebles del Banco 
Nacional en liquidación. 

2°. £1 cincuenta por ciento del produc- 
to líquido de la venta o arrenda- 
miento de la tierra fiscal no afecta- 
da por la ley 5559. 

Art. 12.— Queda autorizado el Poder 
Ejecutivo para hacer uso del crédito hasta 
la suma de diez millones de pesos por año, 



erafos, canales de transporte o de riego y todo lo deniia 
que fuese necesario para poder colonizar dichas tierraa; 
luego reclutar colonos, transportarlos del interior o del ex- 
terior, establecerlos, darles habitación y medios de trabap 
Jo, dirigir sus primeras operacioues agiicolas, asegurar el 
éxito d« mi ooieohM, aa oui|aarr»oi6a y veota, todo oao 



12 



hasta integrar el valor de las accioiie» que 
debe tomar a m cargo conforme el artícu- 
lo 10 A este efecto podrá «mitír títulos 
intemoB o extemos a un tipo de intea^ 
que no exceda d«l 5 o|o y 1 o|o de amor- 
tiMción anual acumulativa por licitación 
cuando los títulos se coticen abajo de la 
par y por sorteo cuando se coticen a la 
par o Mril» dtó ella, pudiéndose aumentar 
el fondo de amíMPtiaictón cuando ü Poder 
Ejecutivo lo crea oportuno. 

El servicio de estos títulos se liará con 
las utiUdades del Banco que correspondan 
al Gobierno de la Nación. 

El Poder Ejecutivo no hará nso de la 
antorizaeién qi» le cwifiere este articulo en 
el caso de que los recursos provistos en ol 
artículo 11 fw»en suficientes pa» los efec- 
tos de esta ley. 

Art 13.— El Banco de la Nación Argen- 
tina abrirá al "Banco Agríeda de la Be- 
pública" un crédito en cuenta comente 



tituto de coloniMMÍto. . 

No hay en todo eUo oo» que se parezca ^ remota- 
mente » 1» «sdén de w ertabl^lmleato de crédito, de 
doni rLlU. que dIferW- rt.olatMiente en bu. flne»^ en 



13 



hasta la cantidad de diez millones de pesos 

moneda nacional, a un tipo de interés que 
no excederá d^ cuatro por ciento anual y 
por el término de cinco años. 

Art. 14.— El ''Banco Agrícola de la Be- 
pública" podrá iniciar sus operaci<Hies 
cuando tenga subscripto el veinte por cien- 
to del capital y pagada la quinta parte de 
esta primera subscripción. En caso de que 
la subscripción particular de acciones no 
alcanzase a cubrir la proporci^ quíe se le 
asigna en esta ley, el Poder Ejecutivo po- 
drá integrar el capital requerido ai él pá- 
rrafo anterior y autorizar al Banco a co- 
menzar sus operaciones. Igual procedi- 
miento se observará con relaeión a las se- 
ries subsiguientes. 

Art 15. — lias utilidades liquidas se re- 
partirán del modo siguiente: 

15 o o para fondo de reserva. 
5 o o para retribucito del direct(Hrio. 

80 o o para los accionistas inclusive el 
Estado. 



personal de dirección y administración, acaso eximio pnra 
el nno é inepto para el otro. Banquear no es colonizar y 
reciprocamente, lo cual no ha de significar qne el ban- 
quero no haya de cooperar 4 la obra del «olooisador f re- 
ciprocamente. 

Pretender qne un lolo intUtuto abarque un campo de 



Art. 16.--E1 "Bmeo AgtkfÁA de k Be- 
pública" será administrado por un direc- 
torio compuesto por un presidente y diez 
directores. El presidente y cnatro directo- 
res serán nombrados por el Poder Ejecu- 
tivo, con aenerdo del Senado. Los otros 
seis directores serán designados por la 
asamblea de accionistas particulares en la 
foma que deteminará la carta orgánica 
del Banco. 

Art. 17.— El presidente del Banco dura- 
rá cuatro años en el desempeño de su car- 
go. Los directores durarán igual término, 
pero se renovarán por mitad cada dos años, 
debiendo sortearse los salientes en la pri- 
meaetí renoiraeián, por separado loa nombra- 
dos por el Poder Ejecutivo y los designados 
por los aecionistas. Tanto el presidente co- 
mo los directores podrán ser reelectos. 

Art. 18. — ^Habrá además cinco suplent»s 
de directores, de loa cuales dos serán desig- 
nados por el Poder Ejecutivo y tres por 
las asambleas de accionistas particulares, 
la que eligirá también al síndico y su fu- 



aoción tan vasto, difícil y complicado es condenarlo á un 
fracaso casi seguro; no tandr«mo8 ni crédito agricol» ni 
coloniaaciOn. 

fi. f. 



— 15 — 

píente. Los suplentes aaeén Uamados a dea- 
empeñar el cargo correspondiente en el 
caso de renuncia, muerte, ansmcia a otra 
imposibilidad de los titulares, hasta la pri- 
mera asamblea ordinaria que designará 
reemplaxante al dúeetor que haya produ- 
cido la vacante, si fuese de los electos por 
los accionistas, o designándolo el Poder 
Ejecutivo si fuese de los que a ^ le corres- 
ponde nombrar. 

Art 19. — ^El directorio del Banco debwá 
proyectar la carta orgánica del mismo y 
someterla a la aprobación del Poder Eje- 
eutivo dMitro de los primeros dos meses de 
c<m8tituído. 

Art 20.— £1 ' Banco Agrieté de la Be- 

pública" durará sesenta años. Se regirá 
por las disposiciones del Código de Comer- 
cio y demás leyes referentes a sociedades 
anónimas en cuanto fueren aplicables y no 
estuviese previsto en ei^ ky. 

Art. 21. — Comuniqúese al Poder Ejecu- 
tivo. 

Smiiio Frers. 



— 17 — 



Sr. Prers. — Pido la palabra. 

La presentación de este proyecto 
responde al deseo de contribuir, si- 
quiera sea modestamente, a la solu- 
ción de uno de los más hondos y difí- 
ciles problemas de nuestra vida eco- 
nómica, que afecta, a más de la mitad, 
puede decirse bien, de la población 
de la República y que presenU aspec- 
tos sumamente complicados precisa- 
mente porque envuelve no sólo difid- 
lisimos problemas financieros, sino 
también una gravísima cuestión de 
economía social que viene preocupan- 
do al país con motivo de la situación 
actual de las industrias agrícolas. 

El banco que propoi^o crear está 
destinado sin duda alguna a aumentar 
las facilidades de crédito y de traba- 
jo que la fortuna brinda a los hom- 
bres acaudalados que dedican sus ac- 
tividades a esas industrias. 



Pero, afectando la forma de los 
bancos llamados industriales, estará 
llamado igualmente a ser el habilita- 
dor de los trabajadores modestos de 
nuestras campañas, de aquellos que a 
veces no tienen más que su honradez, 
sus brazos y su pareja de bueyes o 
su arado, para presentarlos como ga- 
rantía de reembolso del pequeño teso- 
ro que se les ha de amfiar bajo forma 
comercial, con la esperanza de una 
bendición de la naturaleza, diré asi, 
de esa próvida naturaleza nuestra, 
que sabe poner también frutos abun- 
dantes en el huerto del pobre cuando 
lo cultiva sin ambiciones desmedidas 
o envidiosas, y con esa paciente dili- 
gencia que abre a veces el camino del 
bienestar y muchas veces también de 

la riqueza. 

En su concepción general responde 

a una moderna forma de la coopera- 
ción, en que el estado ,como represen- 
tante de la zcáóa sodalj se une al ca- 



- 10 — 

pital privado que aporta los estímulos 
del interés individual. Pero hay más, 
señor: responde a una necesidad im- 
periosa de la época, porque es un ins- 
tituto de previsión social, de verda- 
dera previsión social, que está deman- 
dando hace mucho tiempo el estado 
de nuestra civilización agrícola. 

Las nobles instituciones de benefi- 
cencia sin duda alguna alivian la mi- 
seria, pero en realidad alivian la mi- 
seria actual, la del momento, la inme- 
diata. Y yo creo, señor presidente, 
que si es alta la acción social que abre 
las puertas de los asilos, de los hospi- 
tales y demás institutos de asistencia 
pública, es más alta aún, al menos 
por sus alcances, la de estos institu- 
tos que van liiás aUá, porque ayudan 
a los desvalidos a dejar de serlo, es 
decir que suprimen la miseria en ger- 
men . 

Si lográramos arraigarlos en nues- 
tro país, acaso nuestros pobres pai- 



sanos pudieran sentirse redimidos de 
su. precaria condición y pudieran de- 
cir también, como aquellos otros de 
Loreggia de que habla un autor muy 
conocido, que querían apartar a sus 
hijos de los oficios mendicantes y edu- 
carlos en el amor del trabajo, para 
poderlos sentar tra i galantuomini. 

Hay en el país tres millones de tra- 
bajadores rurales, por lo menos, que 
contribuyen a enriquecer a la Naci^ 
y que, sin embargo, suelen vivir bajo 
el peso constante del desamparo, por 
no decir del abandcmo social, y yo 
creo que hay vivísimo interés para el 
país en que esto no suceda ; y pienso 
por eso mismo que es a ellos a quienes 
muy principalmente hay que benefi- 
ciar, no como merced sino como 
justicia, con estos elementos de un 
porvenir más alto, de una vida más 
fácil, de una esperanza más risueña, 
señor, que aliente, que vivifique, que 



— 21 

estimule el amor a la tierra en que 
viven. 

Yo pido el apoyo de mis honora- 
bles colegas para que este proyecto 
pueda pasar a la Comisión respecti- 
va, y ruego a la Cámara que me per- 
mita al mismo tiempo incorporar al 
Diario de Sesiones una exposición de 
fundamentos más extensa, que acabo 
de dejar en la mesa. 



— 71 — 



FUNDAMENTOS 



El crédito no es una panacea, ni 
mucho menos. Por sí solo no habría 
sido Imstantc a dominar las últimas 
perturbaciones que se han producido 
en una parte de nuestras campañas, y 
que se ha dado en llamar la crisis 
agraria. Ni sería posible que curase 
todos los males que eUas han puesto 
en evidencia y que derivan tanto de 
las contingencias propias de toda in- 
dustria, como de nuestra defectuosa 
organización agraria. Pero tampoco 
debemos caer en el extremo de Rod- 
btrttts, d sodalÍAU akmán que 11^6 



a sostener que el crédito agrícola era 
algo como una calamidad, y me pa- 
rece que podemos sentar como una 
vulgar pero inolvidable verdad que 
puede servirnos de punto de partida, 
la de que el crédito bien organizado 
ha de ser uno de los más poderosos 
agentes de la prosperidad agrícola del 
país y del bienestar de los trabajado- 
res rurales. Esta convicción debe ha- 
ber penetrado ya en la masa popular, 
porque la organización del crédito 
agrícola va constituyendo una preo- 
cupación pública, sobre todo en aque- 
llos campos de la R^ública donde el 
arado ha creado un nuevo tipo de ci- 
vilización agraria, intensificando el 
esfuerzo humano aplicado a la tierra 
y dividiendo el trabajo entre millares 
de brazos, lo mismo de los que se mue- 
ven bajo la direcci^ de los prc^ieta- 
rios y terratenientes o^talistas, que 
de aquellos^ que se levantan sin suje- 
ción a ellos, como fuerzas individua- 



les mtty importantes en el proceso 

económico y social de la Nación. 

En nuestro país no hemos logrado 
dar hasta ahora con la iórmula pre- 
cisa del crédito rural. 

Primeras IniciatlTas 

Pero no hsok faltado esf u^zos ten- 
dientes a encontrarla; y me precio de 
ser tal vez uno de los primeros que 
hayan procurado influir en ese senti- 
do, recordando que a principios de 
1899, siendo Ministro de Agricultu- 
ra, firmé un decreto designando una 
comisión encargada de estudiar el 
problema sobre la base del crédito 
personal y del prendario, de la consti- 
tución de sociedades cooperativas o 
anónimas destinadas a servirlo y de 
la reforma y ampliación de la legisla- 
ción pertinente. 

Más adelante ha sido objeto de al- 
gunos estudios y proyectos, entre los 



! cuales recuerdo el que presentó seis 

años después el senador nacional don 

I Francisco Uriburu sobre cajas rura- 

les cooperativas, el de Banco rural 
éú señor Vivarés; el de sociedades 
cooperativas del señor don Emilio La- 

' hitte, y el del ingeniero agrónomo se- 

ñor Roberto Martínez que en 1910 
propuso la creación de dichas socie- 

I dades bajo la dependencia dd Banco 

de la Provincia de Buenos Aires. 

i 

i Froyecto Lobos 

En 191 1, por fin, el Poder Ejecu- 
tivo de la Nación sometió al Congre- 
so los estudios y proyectos del doctor 
Lobos, entonces Ministro de Agricul- 
I tura. Cúmpleme declarar, señor Pre- 

i sidente, que a mi juicio este trabajo es 

' la síntesis más completa y d estudio 

más meditado que entre nosotros se 
haya llevado a cabo en esta materia, 
y que al ^:eparar mi prof»o trabajo 



26 



no sólo lo he aprovechado como la 
más segura fuente de información, 
sino que lo he tomado como base pa- 
ra muchas de las disposiciones que 
he proyectado, por cuyo motivo he de 
referirme a él como punto de partida 
de mis estudios, especialmente en 
cuanto a los datos y propósitos que 
los inspiran. Esta misma circunstan- 
cia me eximirá de presentar una ex- 
posición más extensa, que no haría 
más que reproducir muchos de sus 
conceptos. Ccnno l^slación positiva 
y articulada creo que no se puede dar 
nada más adaptable a las condiciones 
dd pais que los proyectos del doctor 
Lobos sobre cooperativas y prenda 
agrícola. Una vez sancionados, se ha- 
brían incorporado a la legislación ar- 
gentina estos elementos que son de 
primera importancia en la organiza- 
ción del crédito agrario, y de los que 
sería imposible prescindir, porque es 
evidente que hay que adoptarlos como 



37 



la gran base en que aquel ha de asen- 
tarse en un futuro más o menos cer- 
cano, siquiera yo piense que por el 
momento tenemos forzosa necesidad 
de echar mano de otros recursos, se- 
gún tendré oportunidad de hacerlo 
observar. 

Si en este punto concuerdo casi en 
absoluto con el doctor Lobos, no me 
sucede lo mismo, desgraciadamente, 
en lo que se refiere a la organización 
del establecimiento central distribui- 
dor del crédito, es decir, en lo que 
concierne al Banco Agrícola, que es, 
sin embargo, el eje máximo de toda 
la institución. A este respecto disien- 
to bastante substancialmente de su 
manera de pensar, no sólo en lo to- 
cante a la constitución del capital del 
Banco, sino también porque no le 
asigno la misión de banco coloniza- 
dor, por las consideraciones que he 
expuesto al fundar mi propio proyec- 
to sobre este instituto. Por eso he 



— 2S - 

creído preferible preparar un proyec- 
to independiente. 

Apenas necesito decir, que, desde 
el momento que acepto en lo substan- 
cial las ideas y los proyectos del doc- 
tor Lobos en cuanto se refiere a las 
instituciones primarias del crédito 
agrícola y a sus instrumentos, no los 
he incluido en mi propio proyecto y 
me he limitado a trazar el plan de 
la institución central que ha de cons- 
tituir la cabeza del vasto organismo. 

El crédito ^ie«la 

Es fuera de duda que el crédito 
agrícola es una de las grandes bases 
sobre que ha de rq)osar la reforma 
de nuestra deficiente organización 
agraria, siquiera no sea ni con mu- 
cho, el único elemento con que ha de 
contarse para la definitiva realización 
de una obra tan compleja y difícil. 

Del mismo modo hay que recono- 



- - 

cer que las institucicmes de crédito 
que el país posee, con ser ya muy po- 
derosas y bien cimentadas no están 
organizadas en la forma necesaria 
para dar solución completa al arduo 
problema. 

Característica M 
Crédito AgrfceU 

En efecto ; cuando se habla de cré- 
dito agrícola es entendido que se tra- 
ta de aquella forma del crédito que 
amoldándose a las modalidades de la 
industria a la cual debe servir, ha d« 
efectuarse mediante el préstamo re- 
novable o con amortizaciones parcia- 
les muy moderadas y a plazos relati- 
vamente largos, adecuados a la evolu- 
ción de las operaciones rurales. 

Esta es su característica, según lo 
han e*tablecido Raiffeisen, Thiel, 
Luzzatti, WoUemborg y todos los 
griaéct promotores ^ institucio- 



90 



ncs de crédito agrícola, pudiendo 

agregarse con toda certidtunbre el 
concepto de que el agricultor no ne- 
cesita tanto del crédito barato, es de- 
cir, a precio inferior al corriente, 
cuanto el crédito fácil, elástico, y con 
plazos tales que no le lleven a caer en 
insolvencia o en manos de la usu- 
ra. Sería imposible, por otra parte, 
una baratura extraordinaria del cré- 
dito, a menos que lo diese un institu- 
to de propiedad exclusiva del Estado, 
en cuyo caso se haría mediante recar- 
go de los impuestos y en perjuicio de 
la banca particular, dos inconvenien- 
tes que ddben evitarse. "No conozco, 
decía Luzzatti en el Parlamento ita- 
liano, no conozco ningún método por 
el cual pueda llegarse a prestar di- 
nero a precio inferior a su valor; si 
al^en posee este secreto crpo que 
debería dársele patente de invención y 
acordarle un diploma de honot".** 
I^uestras actuales iustitucioi^es.ban^ 



91 



carias responden casi exclusivamente 

al tipo de los bancos comerciales y só- 
lo ofrecen por r^la general el crédito 
de esta clase, de evolución rápida, con 
documentos de pa^o íntegro, a corto 
plazo, o con alto tipo de amortización, 
de manera que en modo alguno pue- 
den satisfacer las condiciones reque- 
ridas por los trabajadores rurales, 
agricultores o ganaderos, por cuyo 
motivo es una necesidad cada día más 
imperiosa que la ley acuda a impul- 
sar y estimular la conjunción de fuer- 
zas económicas capaces de dar a la 
agricultura los instrumentos e insti- 
tutos de crédito que reclaman su des- 
arrollo y sus grandes progresos. 

En nuestros días no es posible ha- 
blar de crédito agrícola sin reconocer 
desde luego la primordial importan- 
cia y la absoluta necesidad de las mo- 



— 3« — 

dernas institi»:iones que concurren a 

su organización y desenvolvimiento 
bajo las distintas formas de la coope- 
ración y mutualidad, tales como las 
cajas rurales de Raiffeisen, los Vors- 
chussvereine de Schultze-Dclitzsch, o 
los bancos populares de Luzzatti, y 
demás instituciones análogas. 

Es indiscutible también que en nues- 
tro pais tendrán que ll^ar a consti- 
tuir las bases más sólidas del crédito 
agrario, como que mediante la co<^ 
ración y la mutualidad se ha de llegar 
a corregir los excesos del capitalismo 
prepotente en demasía, constitmdo en 
omnipotente y absoluto dominador de 
todas las fuerzas económicas. Sin 
afectar substancialmente la libertad 
individual ofrecerán la posibilidad de 
que se levante enfrente de aquél el 
gran cs^ital constituido por la imión 
de los pequeños ; y por la acción de la 
coasociación podrán romper ú insa- 
Uaje económico y convertirse en uno 



33 



de los grandes factores de prosperi- 
dad popular. 

Es evidente, por otra parte, que el 
crédito agrícola propiamente dicho, no 
se crea tanto para satisfacer al agri- 
cultor capitalista, gran propietario o 
industrial adinerado, sino más inme- 
diatamente para el pequeño agricul- 
tor, colono o trabajador rural, es de- 
cir, para aquella categoría de traba- 
jadores que generalmente no dispo- 
nen sino en muy pequeña proporción 
precisamente de su primer elemento, 
que es la seguridad o garantía del 
reembolso. La categoría de los agri- 
cultores ricos o acomodados casi siem- 
pre tiene a su alcance otras formas 
del crédito; el hipotecario, el prenda- 
rio con caución de títulos y aim el 
puramente personal, mientras que el 
pequeño agricultor o colono, que ais- 
lado sólo representa una partícula del 
organismo económico, pero que co- 
lectivamente es el genuino represen- 



34 



tante de las grandes fuerzas produc- 
toras de la Nación, ese, por regla ge- 
neral, no puede presentar más garan- 
tía que sus útiles de trabajo y su pe- 
queña cosecha. Es una consideración 
que debe tenerse muy en vista al cons- 
tituir la institución que ha de ser- 
virlo. 

La unión, la asociación, cooperativa 
o mutualista, será el gran factor que 
substituirá el crédito colectivo al des- 
valimiento individual. Podría decirse 
que convertirá en una fuerza consi- 
derable la suma de las debilidades in- 
dividuales, debilidades que no siem- 
pre son absolutas sino relativas. 

No puedo menos que insistir y de- 
jar bien establecido una vez más que 
en mi sentir, las cajas rurales del tipo 
Raiffeissen, los sindicatos agrícolas 
y las cooperativas son uno de los me- 
dios más eficaces de que se podrá dis- 
poner para organizar definitivamente 
el crédito agrario, aqui como en Eu- 



35 



rqpa. Y con este motivo, debo mani- 
festar nuevamente mi opinión de que 
es sumamente necesario adoptar los 
proyectos de ley referentes a esas ins- 
tituciones preparados por el ex Mi- 
nistro de Agricultura doctor Lobos, 
y presentados al Congreso por el Po- 
der Ejecutivo en jimio de 1910. 

Pero si bien reconozco que son ele- 
mentos indispensables de ima organi- 
zación definitiva, no puedo ocultar 
que, a mi juicio, no es posible subor- 
dinar a su existencia la organización 
general del crédito agrario, ni tomar- 
lo como base ^exclusiva, o casi exclu- 
siva, ni esperar a que se hayan difun- 
dido y arraigado suficientemente en el 
país, porque el problema urge dema- 
siado para todo eso. 




La organización de estos agentes 
del crédito ha de ser lenta y difícil. 



36 



En efecto; entre el ambiente rural y 
la economía agrícola de nuestro pais y 
de los países europeos donde aquellas 
instituciones prosperan hay profun- 
das y muy substanciales diferencias 
que determinan divergencias igual- 
mente caracterizadas v fundamenta- 
les en la organización, los recursos, 
formas y procedimientos del crédito 
agrícola, de tal modo que será ilusorio 
todo plan que se inspire en los proce- 
dimientos europeos sin tomarlos en 
debida cuenta. 

Allá, la densidad y homogeneidad 
de la población, la división y reparti- 
ción de la prq>iedad, la identidad del 
idioma, de las costumbres, de las ne- 
cesidades, de todo lo que forma el me- 
dio ambiente de cada país, o de cada 
región o comarca, permite la adopción 
de métodos y procedimientos que se- 
rían absolutamente improcedentes en 
nuestros campos extensísimos, casi 
baldíos en su mayor parte y con una 



37 



población que, sobre ser escasa, rala 
e insUble, es una población absoluta- 
mente heterogénea por su composi- 
ción, costumbres y tendencias, en ra- 
zón de los orígenes étnicos, de los idio- 
mas, de la educación, de los hábitos de 
vida anterior, de su alimentaci&i, y, 
en suma, de todas aquellas circuns- 
tancias que determinan aspiraciones o 
necesidades e intereses diferentes y 
muchas veces contradictorios entre 
los habitantes del mismo distrito o de 
una misma región. 

Estas condiciones crean dificultades 
imponderables tanto para la coasocia- 
ción de los hombres como para la con- 
junción de los intereses y factores 
económicos, de tal modo que no es di- 
fícil prever que pasarían cuando me- 
nos una o más decenas de años antes 
de que se hubiese logrado hacer pene- 
trar en la masa de la población rural 
no sólo el conocimiento y apreciación 
de la organización cooperativa y de 



— S8 — 

los nuevos instrumentos del crédito, 

tales como el warrant u otros, sino 

también la costumbre de acudir a 
ellos. 

La población nativa carece por 
completo de tal conocimiento y cos- 
tumbre, sin contar con que, por regla 
general, es un tanto rehacia respecto 
de la adopción de instituciones cuya 
índole no le es bien coiK)cida. Y por lo 
que hace a la población de origen ex- 
tranjero, pudiera creerse que el hecho 
de haber conocido en su país institu- 
ciones análogas, facilitara su estable- 
cimiento y difusión en el país. Pero 
no solo debe recordarse que dicho co- 
nocimiento no es tan frecuente como 
pudiera creerse, sino que hay otros 
antecedentes suficientes para sugerir 
cuando menos una duda muy funda- 
da acerca de ese punto. 

Consideremos en primer lugar el 
grupo más numeroso de nacionalida- 
des extranjeras, o sea, los italianos y 



españoles. Muchos italianos pueden 
sin duda alguna traer consigo la no- 
ción de la cooperación difundida en 
su país por los "consorzi agrari", y 
sobre todo por las ''Casse rurali di 
prestiti," y los bancos populares, que 
ya han alcanzado allí un desarrollo 
bastante considerable, adaptando a 
las modalidades nacionales las insti- 
tudcmes de origen alemán. En cuanto 
a los españoles, acaso pudiese inñuir 
favorablemente la costumbre de acu- 
dir a los antiguos "pósitos" y la 
práctica de la '"compañía gallega", o 
sea de aquellas pequeñas cooperativas 
familiares que dieron cierto prestigio 
a la organización agraria de algunas 
comarcas españolas. Algo sanejante 
podría decirse de los inmigrantes 
húngaros y de los de Dalniacia, Ser- 
via, Bulgaria y demás poblaciones de 
tipo eslavo, donde existen de mucho 
tiempo atrás instituciones análogas. 
l<os franceses podrán traer el conocí- 



miento de sus sindicatos agricolas y 
de sus cajas de ahorro y rurales; los 
alemanes el de las cajas Raiffeissen, 
de los "Vorschussvereine" y de las 
antiguas "Landschaf ten" ; los escan- 
dinavos el de las cooperativas de to- 
da clase tan difundidas en todos los 
países de este tipo europeo. 

Pero estas circunstancias, en vez 
de facilitar el establecimiento de di- 
chas instituciones en nuestro país, 
más bien pueden contribuir a dificul- 
tarlo. 

En efecto, cada nacionalidad se in- 
clinará decididamente hacia el tipo de 
institución que conoce y combatirá la 
que no conoce, con esa obstinación 
propia de los hombres poco cultos e 
instruidos, que constituyen la mayo- 
ría de nuestra población rural inmi- 
grada y que se af erran a sus ideas, 
preconceptos o hábitos nacionales con 
una tenacidad a veces invencible } 
una repugnancia respecto de las insti- 



41 



tuciones extrañas tanto mayor cuanto 
mayor es su ignorancia en unos casos 
o su exagerado espíritu nacional en 
otros. 

Es mucho más fácil hacer aceptar 
una idea completamente nueva y des- 
conocida que modificar las idea:» pre- 
existentes. 

La diversidad de los modelos que ca- 
da nacionalidad ha conocido será pre- 
cisamente lo que más dificultará el 
acuerdo de todas respecto de uno de 
ellos, y es probable que ocurra lo que 
en Babel con las lenguas. 

No serán parte a disminuir estos 
serios inconvenientes los que dimanan 
de la carencia de hábitos de ahorro, 
de la insubsistencia de recursos sufi- 
cientes en manos de los pequeños 
agricultores para los primeros apor- 
tes de capital o de la responsabilidad 
material necesaria, y, finalmente, de 
la falta de conocimientos adecuados 
acerca de los requisitos y formalida- 



42 



des legales para la constitución de las 
asociaciones primarias del crédito. 

Propagaiia y etecacite 

Para obviar todos estos obstáculos 
es indispensable organizar una verda- 
dera obra de propaganda y de educa- 
ción económica que supone la existen- 
cia de institutos y personal adecuados, 
asi como una acción continua y per- 
sistente que no podrá menos de durar 
muchos años. Dicha propaganda ten- 
drá necesariamente que llenar como 
primera condición de éxito, la de pe- 
netrar intensamente en las campañas, 
en los pueblos, en los villorios, en los 
distritos rurales, no sólo para predicar 
y explicar principios teóricos, sino so- 
bre todo para enseñarlos por los mo- 
dernos métodos intuitivos, es decir, 
por la práctica efectiva, creando los 
institutos de crédito primarios, y en 
cierto modo elementales, spbre bs^e 



cooperativa o mutual e incitando lue- 
go a la población a hacer uso de ellos, 
convenciéndolos de su utilidad y efi- 
cacia, realizando en una palabra la 
obra imponderat^e que, siquiera sea 
sobre otras bases, han llevado a cabo 
los bancos ingleses y muy particular- 
mente los famosos bancos de Esco- 
cia; obra tan completa de educación 
económica, que bien podría afirmarse 
sin exageración que en el Reino Unido 
no hay un hombre que guarde su di- 
nero en su casa y que no sepa acudir 
invariablemente a su banco en busca 
de seguridad para sus ahorros o de 
crédito para su trabajo. 

Mas una obra tal requiere induda- 
blemente una dirección inteligente, 
instruida, apta, y dotada además de 
grandes y amplísimos recursos no só- 
lo morales sino también materiales y, 
sobre todo, pecuniarios. 



- i4 — 

Misite social edacativa 

Esta debe ser la alta misión social 
y la tarea que debe desempeñar el 
Banco agrícola de la República Ar- 
gentina a la par de su función propia- 
mente comercial o bancaria. Destina- 
do a presidir, por decirlo así, la orga- 
nización del crédito agrícola rural, su 
creación tendrá que preceder a la de 
las instituciones cooperativas. 

Movimiento centrípeto 

Sabido es que en Europa el movi- 
miento tendiente a constituir el cré- 
dito agrario especialmente sobre ba- 
ses cooperativas, ha sido por lo ge- 
neral acentuadamente centripeto ; y se 
explica que allí haya podido producir- 
se en esta forma, por las condiciones 
peculiares de organización y educa- 
ción social y económica de la pobla- 
ción rural. Los primeros núcleos se 
han constituido en los distritos rura- 



les respondiendo a necesidades loca- 
les ; se han propagado en ellos ; han ex- 
tendido poco a poco los ámbitos de su 
acción y han acrecido sus negocios 
hasta el punto de consolidarse como 
institutos locales. Estos núcleos se 
han confederado luego dentro de dis- 
tritos geográficos más extensos; las 
pequeñas federaciones se han unido 
a su vez, y por fin han constituido ins- 
titutos centrales radicados en las ca- 
pitales y ciudades principales, cedien- 
do en todas partes a una tendencia de 
concentración que sse e3q>lica por la 
necesidad de unificar y centralizar las 
operaciones, de fortificar el crédito 3 
de ofrecer mayores garantías al ca- 
pital destinado a servirlo. 

Es así como vemos que en Alema- 
nia las antiguas y modernas ''Lands- 
chaften" constituyen una "Central- 
landschaft" y que las cajas Raiffeis- 
sen y cooperativas de Schulze-De- 
litsch se confederan para crear ban- 



- 4S — 

eos y cajas centrales, ocurriendo lo 
propio en Austria y en varios otros 
de los países donde el crédito rural 
se desarrolla bajo la forma cooperati- 
va, muy particularmente en Italia, 
cuyos "bancos populares" han acaba- 
do por instituir grandes cajas centra- 
les, y en Francia, donde existen la 
"Unión des caisses rurales et ouvrié- 
res francaises" y otros establecimien- 
tos centrales. 

El movimiento constitutivo del cré- 
dito cooperativo agrario ha ido así en 
casi todo el mundo europeo, de la pe- 
riferia al centro, de lo primario a lo 
general, de los pequeños organismos 
a las grandes concentraciones, de la 
dispersión y descentralización a la 
unidad federativa. 

Moviniento ceotrifiigo 

A mi juicio, nosotros tenemos que 
proceder precisamente a la inversa, 



— 47 - 

es decir, del órgano central a los ór- 
ganos periféricos; de la unidad a la 
descentralización, como si dijéramos 
del cerebro a las estremidades. 

Los motivos de duda que he ex- 
puesto acerca de la posibilidad de 
constituir en término más o menos 
breve los pequeños organismos loca- 
les, me obligan a inferir que hay que 
comenzar por crear el gran organis- 
mo motor, capaz de dar vida y de po- 
ner en función a todos los demás ór- 
ganos de la institución. Así lo ha re- 
conocido también el ex Ministro doc- 
tor Lobos. 

X 

U prMcM priMvdial 

El problema primordial, el más in~ 
mediato en nuestro país, es crear el 
crédito mismo en su aplicación a los 
intereses de la población rural, cuales- 
quiera sean los medios de que tenga- 
mos que valemos. Y nadie duda hoy 



— 48 - 

de la urgencia que hay en resolver di- 
cho problema. 

Una vez establecido el crédito sera 
el caso de pensar en los órganos des- 
centralizadores, es decir, en los insti- 
tutos locales, cajas Raif feissen, Coo- 
perativas, o bancos populares, que 
han de hacer la irrigación completa 
y regular de la savia benef actora. 

El banco agrícola asi concebido po- 
dría ser cuando menos un instituto de 
transición absolutamente indispensa- 
ble para llegar al resultado final, en 
cuyo caso podría ser el eje central al- 
rededor del cual podría constituirse 
una gran federación cooperativa. Ven- 
dría a ser la gran caja central a seme- 
janza de aquellas a que acabo de refe- 
rirme. ' , 

Pero a la vez debe tener en si mid- 
mo la capacidad necesaria para dar 
inmediata solución al referido proble- 
ma. Para, este fin es indispensable que 
sea una entidad financiera suficiente- 



mente sólida y robusta, lo cual por 
el momento sólo podrá realizarse me- 
diante una organización de índole ca- 
pitalista bien definida. 



iMtitscite capitalista 

Esta ha de ser su primera caracte- 
rística: institución capitalista de pri- 
mera magnitud. 

Si la agricultura argentina no está 
en situación de esperar a que se opere 
el lento proceso de radicación de las 
instituciones primarias de que he ha- 
blado, tampoco es posible satisfacer 
sus exigencias inmediatas con capita- 
les pequeños o dispersos, por mucho 
^ue se multipliquen. 

Para confirmar esta aseveración no 
hay más que tener presente que hay 
que distribuir el crédito agrarío, que 
sembrarlo por decirlo asi, en todos los 
¿QlbitQS d^ 1^ Nación donde el trabajo 



— 50 — 

de los campos no sólo abre nuevas 
fuentes de producción, sino que al 
multiplicar los esfuerzos, multiplica 
igualmente la necesidad de rectursos 
pecuniarios. La transformación del 
suelo por medio del arado, las mejo- 
ras que comporta, el acotamiento y 
cercado, la edificación rural, y en mu- 
chos casos las obras de riego o sanea- 
miento, la siembra, la cosecha, el 
transporte de los productos o la for- 
mación de prados y su ocupación con 
ganados constituyen una intermina- 
ble serie de operaciones que al sumar- 
se en todo el pais demandan ingentes 
capitales de establecimiento y explo- 
tación. 



Misión coMnim 

Pero hay que agriar áún un capí- 
tulo muy especial, el de la coloniza- 
dón. La mayor parte de los autores 



51 



de planes para la colonización de nues- 
tras tierras públicas o privadas lo ol- 
vidan casi invariablemente. Conside- 
ran haber resuelto ese problema con 
sólo darle tierra al colono, gratuita- 
mente o a muy bajo precio, y se em- 
peñan en toda clase de combinaciones 
y arbitrios para asegurarle su pose- 
sión sin advertir que la inmensa ma- 
yoría de los colonos que se ofrecen co- 
mo pobladores de tierras, carecen de 
capital, y que darle tierra a un colo- 
no en tal condición es como poner a 
un hombre desnudo, sin herramienta 
alguna, en medio del campo y decir- 
le: "vive, trabaja, progresa y eman- 
cípate." 

Ese es el error fundamental de casi 
todas nuestras leyes de colonización, 
y de ahí su fracaso inevitable. 

No han reparado que toda obra de 
colonización exige la concurrencia de 
los tres elementos clásicos, tierra, ca- 
pital y trabajo, y que nada se hace 



con uno solo de ellos. No han repara- 
do que el estado no hace nada, ni ha- 
cen nada tampoco los colonizadores 
particulares con ofrecer tierra bara- 
ta o de balde, porque es necesario dar- 
les a los brazos el instrumento del ca- 
pital, sin el cual aquéllos permanece- 
rán inertes e impotentes sobre el más 
rico pedazo de suelo. 

De ahí también el fracaso de un 
sinnúmero de nuestras empresas par- 
ticulares de colonización. Mal provis- 
tas de capital, sucumbieron muchas 
veces antes de haber logrado radicar 
un solo colona o inmigrante. 

Y no es difícil dar con la razón del 
hecho. Aun sin contar con los ingen- 
tes capitales que generalmente deman- 
dan las obras preliminares tendien- 
tes a la habilitación económica de la 
tierra para ponerla en condiciones de 
ser colonizada, tales como las de ca- 
minos o vías férreas de acceso, cana- 
les de transporte o de riego, y aparte 



— as- 
ios gastos de transporte de los colo- 
nos, es notorio que el establecimiento 
de éstos no puede hacerse sino me- 
diante anticipos que constituyen una 
habilitación más o menos importante. 

Ordinariamente se calcula que el 
establecimiento de mi colono en una 
suerte de ico a 200 , hectáreas requie- 
re una inversión de 2.000 a 2.500 pe- 
sos como mínimum en poblaciones, 
útiles y animales de labor, semillas, 
etc., de cuyas sumas las «npresas ca- 
si invariablemente necesitan anticipar 
cuando menos la mitad por vía de 
préstamo, prescindiendo del sosteni- 
miento eventual del colono y su fa- 
milia. Diez mil colonos que se colo- 
caran anualmente en tal condición 
exigirían, pues, de diez a quince mi- 
llones de pesos, y de 100 a 150 millo- 
nes si en diez años se quisieran radi- 
car 100.000 colonos, lo que no sería 
un aporte extraordinario en la obra 



de la población de nuestras tierras 

Imldias. 

Este simple cálculo demuestra cuan 
enormes esfuerzos financieros exigi- 
ría esta obra, si hubiese de empren- 
derse con la magnitud y los grandes 
alientos que en realidad impone. 

Es lo que he tratado de solucionar 
con el proyecto de Banco colonizador 
de la Nación que tuve el honor de pre- 
sentar a la honorable Cámara el año 
pasado, (i) 

El banco agrícola que ahora pro- 
pongo crear podrá reemplazarlo has- 
ta cierto punto, ya o£reci«ido recur- 
sos a las empresas colonizadoras, ya 
facilitando crédito directamente a los 
colonos. 

Si se tiene en cuenta el considera- 
ble número de colonos agricultores es- 
parcidos en toda la República, se po- 
drá calcular la magnitud de los benc- 



(1) V. Diario de SesioneB de la Cámars d« Oif atedoa d* 



ficios que obtendría el país por este 
solo concepto. Pero al mismo tiempo 
se podrá apreciar cuán considerables 
recursos exigiría. 

En mi opinión el Estado no podría 
realizar por sí solo este desiderátum 
y toda la inmensa obra que debe reali- 
zar el Banco Agrícola de la República, 
no sólo porque le impondría un esfuer- 
zo acaso superior a su actual capacidad 
financiera, sino porque carecería de 
los estímulos del interés privado. De- 
ben por lo tanto asociarse a ese obje- 
to el estado y el capital privado, éste 
como fuerza impulsadora y aquél co- 
mo el«nento moderador. 

He previsto por otra parte la even- 
tualidad poco probable, pero posible, 
de que el capital privado no respon- 
diese en la medida suficiente a la pro- 
visión del capital de iniciación, en cu- 
yo caso el Estado tomaría sobre sí la 
ejecución del plan propuesto. 



Basco ■lito 

Del punto de vista de la organiza- 
ción este banco respondería por lo 
tanto al tipo de lo que aquí llamamos 
bancos ''mixtos", de cuyo éxito es un 
ejemplo de innegable elocuencia el ac- 
tual "Banco de la Provincia de Bue- 
nos Aires;" y no dudo que sus accio- 
nes encontrarían excelente acogida en 
el país y en el exterior, de tal modo 
que en breve tiempo podría integrar- 
se su capital. Y aún me parece proba- 
ble que muchos de los bancos parti- 
culares existentes en el país subscri- 
ban acciones para participar de ope- 
raciones que por r^la general se han 
de desenvolver en un campo de acción 
donde aquellos no operan sino en es- 
casa medida, según lo acredita el he- 
cho de que circulan fuera de los ban- 
cos del país más de 400.000.000 de pe- 
sos sobre una circulación total de cer- 
ca de 900.000.000. Por este motivo no 



-8t- 

puede creerse que habían de mirarlo 
como a un concurrente molesto. 

Ni creo que pueda arredrar al ca- 
pital privado la naturaleza del crédi- 
to agrícola, basado en los préstamos 
a largos plazos y de amortización gra- 
dual más o menos lenta. Si bien no 
desconozco que el capital nacional es 
más exigente a este respecto, hay la 
seguridad de que para el capital euro- 
peo presentaría suficientes alicientes, 
bastando recordar para afirmar esta 
convicción el hecho notorio de la 
cuantiosísima inversión de capital ex- 
tranjero que se efectúa en la repúbli- 
ca en la forma de préstamos hipoteca- 
rios y sobre cauciones a largos plazos 
y con tipos de interés que generalmen- 
te no exceden del corriente en el país, 
debiendo tenerse presente, por otra 
parte, que la facultad de emitir títu- 
los de obligación o debentures, em- 
pleado con discreción, es un útilísi- 
mo factor para la movilización de los 



- » - 

capitales afectados a aquella clase de 

préstamos. 

La cooperación del capital privado 
no puede, por lo demás, inspirar des- 
confianza, no sólo porque en nuestro 
país el préstamo usurario es una ex- 
cepción en las empresas bancarias res- 
petables, sino porque estando vigilado 
y contraloreado por el Estado, seria 
muy difícil, por no decir imposible, 
que incurriese en abusos y extorsio- 
nes. '* ^ ■ 

Al discurrir sobre la organización 

de este instituto central de crédito 
s^icola nacional, es inevitable recor- 
dar que debe amoldarse a las condi- 
ciones propias del organismo agrario 
nacional en todos sus aspectos y en 
todas sus modalidades, así sean gene- 
rales o provinciales y aun regionales. 

Cradito regUmal 

En efecto, cada provincia, cada te- 
rritorio, cada regiwi de la RcpúbUca 



— 59 — 

constituye un ambiente económico eS' 
pecial, y siquiera haya caracteres co- 
munes a todo el país, es evidente que 
OI cada comarca hay que responder 
a necesidades de orden local, que de- 
rivan en parte principal de las indus- 
trias que en ellas se desenvuelven pre- 
ferentemente. 

Bastará recordar por vía de ejem- 
plo que la ganadería y la labranza, es- 
pecialmente en las provincias y regio- 
nes litorales, tienen regímenes econó- 
micos que sobre ser distintos entre sí, 
son muy diferentes de los que gobier- 
nan la industria vitícola dominante 
sobre todo en Mendoza, San Juan y 
demás provincias andinas, a la del 
azúcar en Tucumán o a las explota- 
ciones subtropicales de Corrientes, 
Misiones o el Chaco. 

El banco agrícola debe ser en todo 
y ante todo un gran instituto mciomi 
bien caracterizado, y debe, por lo tan- 
to, responder con exactitud a las ne- 



cesidades agrícolas de todas las regio- 
nes del país. A esta consideración se 
agr^a la de que nuestras campañas 
carecen por lo común de toda clase 
de instituciones bancarias. El crédito 
está generalmente en manos de los 
empresarios de colonias o de cultivos, 
almaceneros y otros intermediarios 
que hoy por hoy son inevitables, por- 
que reemplazan la acción social repre- 
sentada por los bancos e institutos so- 
metidos al contralor público. Vastas 
comarcas agrícolas carecen de todo 
otro intermediario para su operacio- 
nes comerciales, así las más importan- 
tes como las más ínfimas, tales como 
el intercambio de giros y valores, el 
depósito y el descuento bancario, la 
caución de títulos o papeles de comer- 
cio, las (aeraciones de crédito hipote- 
cario y prendario y todas las demás 
que requiere el giro fácil de los nego- 
cios y el desenvolvimiento de las in- 
dustrias locales. 




De manera que una institución que 
no tuviese la capacidad de atender a 
todas las modalidades y a todas las 
necesidades expuestas, no llenaría si- 
no en mínima parte la misión a que 
debe responder en el terreno de la 
práctica. De aquí surge una segun- 
da característica que es forzoso impo- 
ner al "Banco Agrícola de la Repú- 
UicaL," a saber, que ha de ser un ins- 
tituto bancario integral, es decir, que 
ha de estar en aptitud de responder a 
todas las modalidadees y a todas las 
necesidades de orden comercial y ban- 
cario en su aplicación a las industrias 
rurales del país en su más alta acep- 
ción y generalidad. 

Deberá, por lo tanto, facilitar el 
uso del crédito en todas sus formas, 
mejor dicho, en sus tres formas fim- 
damentales de crédito personal, hipo- 



92 



tecario y prendario y efectuar todas 

las operaciones que pueda tomar a su 
cargo un establecimiento de su clase 
para estimular, como acabo de decir- 
lo, el desenvolvimiento fácil y amplio 
de los negocios agrícolas. A este con- 
cepto responden las especificaciones 
del art. 3°. de mi proyecto. 

Detengámonos un momento en la 
consideración de las formas e instru- 
mentos de crédito mediante los cuales 
ha de cumplir su misión. 

De las tres formas ftmdamentales 
del crédito a que antes me he referi- 
do, son dos principalmente las que la 
nueva institución debe atender y fo- 
mentar preferentemente, a saber, el 
crédito personal y el prendario, sin 
perjuicio de mantener la tercera for- 
ma, o sea el crédito hipotecario, como 
condición complementaría de la fór- 
mula de un banco integral. 



— 68 — 

Crédito Upotocario 

En efecto; el crédito hipotecario 
podrá servir los intereses de los agri- 
cultores prq>ietarios. Pero es eviden- 
te que dejaría sin satisfacer una par- 
te muy considerable de las necesida- 
des agricolas del pais, dado que hay 
en él tma proporción muy considera- 
ble de agricultores que no son propie- 
tarios. Por mucho que se pretenda ne- 
gar la protección social a esta cate- 
goría de trabajadores rurales, no es 
posible dejar de reconocer que en la 
actualidad constituyen una suma de 
intereses de gran importancia y muy 
digna de consideración y que tampo- 
co dejarán de merecerla como agentes 
del movimiento progresivo de la agri- 
cultura nacional en el porvenir más 
inmediato. Los agricultores arrenda- 
tarios, aparceros o colonos, constitu- 
yen una clase acaso transitoria en su 
desenvolvimiento uiteríor, pero han 



— u — 

sido y continúan siendo como la van- 
guardia de nuestras fuerzas civiliza- 
doras del desierto, verdaderos "pio- 
neers" de la tierra, y sobre ser incon- 
veniente fuera injusto dejarlos de 
lado. 

Comprende esta clase a los grandes 
y pequeños empresarios de cultivos 
que muy frecuentemente son meros 
arrendatarios de los predios y que si 
más de una vez han cometido abusos 
y hasta verdaderas iniquidades con 
sus aparceros o colonos, es precisa- 
mente porque han estado exentos de 
toda vigilancia y de todo contralor so 
cial. El día en que el colono se emanci- 
pe, es decir, que no esté a su merced 
exclusivamente en lo tocante a su cré- 
dito o a sus provisiones, ese día el em- 
presario habrá perdido el poder de 
abusar, y será en todos los casos un 
factor útil, como lo es hoy mismo en 
muchísimos casos; él mismo será un 
diente casi íora;oso del banco y sin- 



65 



tiéndese vigilado por éste, sabiendo 
que es observado no tan sólo en rela- 
ción a sus negocios sino también en su 
conducta moral, y que de ésta puede 
depender el crédito que se le acuerde, 
tendrá la conciencia de la re^nsa- 
bilidad y ésta será un freno capaz por 
si sólo de contener los abusos. 

Crédito pcraonal 

El crédito personal acordado por 
una institución respetable y respetada 
y que hoy es patrimonio casi exclusi- 
vo de los propietarios y hombres pu- 
dientes, podrá ser extendido con pre- 
cauciones discretas a mucha parte del 
elemento agricultor a que acabo de 
referirme. De este punto de vista 
constituiría desde luego ima verda- 
dera obra de progreso y redención so- 
cial y podría ser uno de ios puntos de 
partida de la reforma de nuestra or-^ 



66 



ganización agraria. Tiene preceden- 
tes bien establecidos en el país, como 
que en todo tiempo ha sido uno de los 
agentes más usuales y benéficos de 
nuestros progresos agrícolas, indus- 
triales y comerciales. Bajo la forma 
de crédito habilitador constituyó una 
de las grandes fuerzas económicas 
<iue dieron renombre y característica 
especial al antiguo Banco de la Pro- 
vincia de Buenos Aires y si bien han 
cambiado notablemente las condicio- 
nes de la población agrícola, no hay 
razón para creer que no pueda conti- 
nuar prestando los mismos servicios 
una vez que esté organizado en forma 
adecuada. 



laUUUcidM 

Precisamente bajo su aspecto de 
crédito de habilitación ofrece un inte- 
rés más inmediato, porque constituye 



— 67 - 

una de las grandes exigencias de 
nuestro mundo rural. Abandonado en 
gran parte como tal, bajo la influen- 
cia de los descalabros del citado Ban- 
co de la Provincia y del Banco Na- 
cional, no existe hoy ninguna institu- 
ción pública organizada en forma 
aparente para constituirlo en la medi- 
da y condicionees convenientes. Ei 
crédito de habilitación responde más 
propiamente al tipo de los bancos lla- 
mados industriales, y es notorio que 
los que tenemos en el país son casi ex- 
clusivamente comerciales. El lento re- 
embolso, propio de la habilitación, no 
condice con una organización basada 
principalmente sobre el rápido movi- 
miento de los depósitos y descuentos, 
de modo que no es de extrañar que 
nuestras casas bancarias, inclusive 
las del estado, rehuyan aquella clase 
de operaciones, cuando no las rehu- 
sen sistemáticamente. 
Pero es fuera de duda que es una 



— «• — 

institución que debe ser mantenida y 
organizada convenientemente, sea en 
sus formas individuales, con garan- 
tías personales, sea en la colectiva, 
mediante la intervención de las aso- 
ciaciones cooperativas. No dudo que 
la educación económica podría ade- 
lantar hasta el pimto de hacer posible 
entre nosotros el uso frecuente de los 
famosos préstamos de honor de los 
bancos populares italianos, acerca de 
los cuales dice Louis Durand : "Cuan- 
do un hombre no posee nada, ni pue- 
de ofrecer fianzas ni garantías mate- 
riales, encontrará sin embargo un cré- 
dito limitado en los bancos populares, 
si es notoriamente reputado como 
buen trabajador, sobrio y moral. El 
banco no tomará en consideración 
más que sus calidades morales y le 
acordará un módico préstamo, sufi- 
ciente para sacarlo de apuros en al 
guna situación difícil, o para permi- 
tirle establecerse de su cuenta, o ini 



69 



ci^r algún pequeño comercio o empre- 
sa. Es una obra de las más dignas de 
elogio y que ha presUdo grandes ser- 
vicios a los trabajadores pobres." 
"Los préstamos dados sobre palabra 
de honor," agrega, "entran en la ca 
tegoria de las operaciones más segu- 
ras realizadas por los bancos popu- 
lares italianos.*' 

Sin embargo, no es posible desco- 
nocer que la poca estabilidad o, mejor 
dicho, la facilidad con que cambia de 
domicilio nuestra poUadón agriera 
impone grandes precauciones en todo 
to que al crédito personal se refiere. 



La segunda forma de crédito, el 
prendario, considerado especialmente 
como crédito individual, debe llegar 
^ ser una de las grandes instituciones 
agrícolas de la República. 



70 



No se comprendería, en efecto, co- 
mo pudiese ser de otra manera en un 

país de ganados cuantiosos y de gran- 
des y proficuas cosechas; todo el se- 
creto de su difusión y de su éxito con- 
sistirá en dar con la organización 
conveliente. 



Icrecho de preferencia 
Pacto comisorio 

El doctor Lobos, en los proyectos a 
que antes me he referido, ha propuesto 
ccm mucho acierto una reforma de 
nuestra ley civil tendiente a consentir 
la prenda sin tradición, como base del 
crédito prendario agrícola. Este sis- 
tema puede sin duda alguna dar lu- 
gar a un amplisiuio desarrollo de 
aquél. Qtiizá pudiese ser completado 
con la creación de un derecho especial 
de preferencia o sea de un privilegio 
convencional, como lo propone Du- 



1 

f 



— 71 - 



rand y acaso también con una adapta- 
ción del pacto de retroventa, con el 
cual presentan bastantes analogías 
ciertos contratos de venta con condi- 
ción resolutoria que son hoy frecuen- 
tes en nuestra campaña y que pu- 
dieran asimismo servir a los fines del 
crédito con sólo modificar algunos de 
los viejos principios jurídicos que los 
rigen, a fin de poner al deudor a cu- 
bierto de la codicia excesiva del pres- 
tamista, modificaciones que podrían 
apoyarse en el precedente de aquella 
ley 41, título 5, partida 5 de las Siete 
Partidas que al legislar sobre el pacto 
comisorio mandaba que "no desempe- 
ñando el deudor hasta cierto día la 
cosa dada en prenda quede vendida 
al acredor pagando éste sobre lo que 
ya hubiere dado lo que valiere de más 
según justiprecio de ''homes buenos". 
Pero como en este punto adhiero con 
muy pocas salvedades a las ideas del 
doctor Lobos y como no es posible ex- 



- 72 - 

presarlas mejor ni agregarles nada 
importante, me abstendré de insistir 
sobre el partÍGular. 

Wimmi 

En cambio lamento tener que di- 
sentir con él en lo tocante a la impor- 
tancia qne asigna a los warrants, por 
lo menos en la forma que él los pro- 
yecta. Por regla general son conside- 
rados como tmo de los más eficaces 
instrumentos del crédito prendario y 
en su aplicación al crédito agrícola se 
ha pensado que ofrecían al agricultor 
grandes facilidades y ventajas. 

Es sabido que hay dos sistemas de 
warrants: el francés, de dos docu- 
mentos separables, el certificado de 
depósito y el warrant propiamente 
dicho; y el sistema holandés de un 
solo documento. 

Por mi parte considero que el pri- 



mero, que es el que el doctor Lobos 
propone, es demasiado complicado pa- 
ra que verosímilmente pueda ser bien 
comprendido por una población que 
por regla general carece de toda edu- 
cación comercial y de conocimientos 
jurídicos siquiera elementales. El wa- 
rrant es una creación de índole esen- 
cialmente comercial, y si los mismos 
juristas discuten aún sobre su natura- 
leza o formalidades ¿cómo es posible 
suponer que llegarán a contraer la 
costumbre de emplearlo los agriculto- 
res poco instruidos que constituyen la 
inmensa mayoría de nuestra pobla- 
ción rural? 

Bastará que no le comprendan bien 
para que no acepten de buen grado el 
sistema, sin contar con que aún acep- 
tado sería el expedidor quien tendría 
de su parte todas las ventajas de una 
habilidad mayor en su manejo, lo cual 
no dejaría de constituir un peligro de 
abusos. Podrá, en suma, ser instru- 



mentó de crédito entre comerciantes, 

pero no entre comerciantes y trabaja- 
dores rurales. A ese efecto se necesi- 
ta arbitrar formas simplísimas que 
eviten muchas idas y venidas, forma- 
lidades y registros. 

En mi sentir no ocurre lo mismo 
con el warrant simple del sistema co- 
rriente en Holanda, verdadera patria 
de esta institución, y tengo la convic- 
ción de que podrá penetrar con más 
facilidad en nuestras campañas. Pe- 
ro como no es del caso estudiarla en 
esta oportunidad, he de limitarme a 
expresar mi opinión de que en cual- 
quier forma, ha de tardar bastante en 
tomar carta de ciudadanía en nuestro 
ambiente ^^ícola, sin desconocer por 
eso que seria un grandísimo auxiliar 
del crédito agrario. 

El verdadero crédito pignoraticio 
reconocerá siempre como su más am- 
plia y sólida base la tradición, o sea 
la entrega de la prenda. La posesión 



efectiva de ésta será en todo tiempo 
la razón más poderosa para inducir 
al capital a abrir sus arcas con libera- 
lidad, como quiera que es la única 
forma en que se le da la seguridad 
completa de que no podrá ser defrau- 
dado por un deudor de mala fe, o de 
que no tendrá que ver desaparecer la 
eficacia de su garantía en presencia 
de otros acreedores armados de al- 
gún privilegio legal, que les confiera 
derechos preferentes. 

La institución del warrant ha debi- 
do responder precisamente a motivos 
de este orden ; y en Europa lo mismo 
que en los Estados Unidos ha surgi- 
do como consecuencia de la existencia 
de los grandes almacenes y depósitos 
{docks y magasins generaux) admi- 
nistrados por empresas particulares 
autorizadas a conservar en prenda 
las mercaderías afectadas al v^arrant. 

La existencia de estos depósitos es, 
pues, una condición sine qua non de la 



- T6 - 

existencia del warrant y de cualquie- 
ra otra gran institución de crédito 
pignoraticio que pudiera establecerse. 



bmovación característica 
Almacenes de depósito 

Su creación en servicio de la agri- 
cultura nacional constituye la tercera 
caracteristica fundamental del banco 
agrícola que propongo. 

Acaso aparezca como tma novedad 
excesivamente aventurada y utópica 
en atención al esfuerzo que deman- 
dará y a los cuantiosos capitales que 
aparentemente ha de requerir su es- 
tablecimiento. Pero no podrá menos 
de reconocerse que si se lograse esta- 
blecerlos se habría encontrado la for- 
ma inicial, pero quizás definitiva, del 
crédito agrario argentino instituido 
sobre la gran base de las especialísi- 



- 77 — 

mas garantías mobiliarias que ofre- 
cen los productos de la tierra 

Graneros 

AlMceaes - Megas 

Apenas necesito recordar la enor- 
me suma de ventajas que presentaría 
la habilitación sistemática de grane- 
ros, almacenes, bodegas y demás es- 
tablecimientos de depósito, tanto del 
punto de vista del crédito como de la 
simple guarda de los productos. 

Es notorio que la falta de graneros 
es una verdadera calamidad de nues- 
tras campañas y que las grandes pilas 
de cereales escalonadas a cielo abier- 
to a lo largo de las vías férreas cons- 
tituyen una vergüenza pública. Los 
ganaderos y agricultores y sobre to- 
do los pequeños labradores y colonos 
carecen de los depósitos suficientes o 
se ven obligados a invertir en su cons- 
trucción un capital que no sólo suele 



78 



representar un sacrificio pecuniario 
de consideración en proporción a sus 
cultivos y recursos, sino que inmo- 
viliza innecesariamente caudales que 
serian más útiles aplicados al traba- 
jo reproductivo. Hay un interés pú- 
blico en evitar el desgaste de fuer- 
zas económicas que eso representa. 

Ni los depósitos de los ferrocarri- 
les, entre los cuales comprendo los de 
la "Cereal Deposit Company", ni los 
de los acopladores de cereales sa- 
tisfacen las necesidades de los agri- 
cultores, no sólo porque no son sufi- 
cientes, sino porque obedecen a inte- 
reses divergentes, ya que no contra- 
rios, o acaban por constituir monopo- 
lios inconvenientes. 

Organizados los almacenes genera- 
les para recibir y guardar los artículos 
que se le entreguen al banco agrícola 
a título de prenda, y prevenidos los 
abusos con la intervención vigilante 
del Estado, habría desaparecido una 



1 



— 79 — 

de las más graves dificultades con que 
se ha tropezado siempre para instituir 
en el país el crédito prendario sobre, 
productos agrícolas, facilitando al 
propio tiempo, la introducción del wa- 
rrant agrícola, ima vez que se lograse 
dar las formas convenientes a este 
instrumento de crédito. 

Cada país debe crear o adoptar las 
instituciones necesarias a su propio 
raimen y en consonancia con sus 
propias y características modalidades. 
Y tengo la convicción de que respon- 
dería perfectamente a las dd nuestro 
esta combinación del negocio de banca 
con el de graneros y depósitos. 

Si en las ciudades se establecen 
bancos de crédito prendario con sus 
correspondientes almacenes para la 
conservación de las cosas dadas en 
prenda, no hay en principio razón al- 
guna que pueda oponerse a que se es - 
tablezcan en los distritos rurales con 
aplicación a los productos agrarios ; y 



80 



sólo podrían intervenir motivos de or- 
den práctico para inspirar dudas acer- 
ca de la posibilidad de llevar a cabo 
una obra tan considerable. 

Es indudable, desde luego, que exi- 
giría una inmensa y acaso despropor- 
cionada inversión de capital si se le 
quisiese dar desde el primer momen- 
to todo el desarrollo de que es suscep- 
tible. Así por ejemplo: si hubiesen 
de constituirse los depósitos necesa- 
rios para almacenar los lo.ooo.ooo de 
toneladas de cereales que hoy produ- 
ce el país, es probable que se mverti- 
rían en ellos cuando menos 50.000.000 
de pesos, o sea la mitad del capital 
propuesto para el banco. Si a eso se 
agregan los necesarios para los otros 
grandes ramos de producción nacio- 
nal, tales como el vino, el azúcar, etc 
es evidente que dejarían exhausto al 
establecimiento más ampliamente pro- 
visto de capital, lo que quiere decir 



— «I — 

que no puede encararse así el pro- 
blema. 

Pero hay muchos caminos para Re- 
gar a Roma. Debe observarse «1 pri- 
mer lugar que ni sería conveniente, 
ni babria nada que impusiese un exa- 
brupto tan enorme y extraordinario, 
desde luego, porque no habrían de 
acudir todas las cosechas de la Repú- 
blica a los almacenes del Baaco, y en 
segundo lugar porque lo prudente se- 
ría proceder paulatinamente a su ins- 
talación, cuyo costo se iría cubriendo, 
parciahnente al menos, con las pro- 
pias utilidades, por moderadas que 
fuesen, como deben serlo, las retribu- 
cicmes qtie se percibiesen de confor- 
midad con las tarifas aprobadas por 
el Poder Ejecutivo. 

Pero hay otra circunstancia que 
debe tenerse presente. Y es que no es 
forzoso que el Banco construya por 
su cuenta e inmediatamente los de- 
pósitos que pueda requerir para sus 



82 



fines. Podrá tomarlos en alquiler o ea 
cualquier otra forma legal, según es- 
tá prevenido en el artículo 6.** de mi 
proyecto. Acaso fuera esta la forma 
de proceder más inmediata y facti- 
ble, sobre todo para los eíe(^ del 
crédito prendario. 

Crédito sobre ciistencías 

Hay en las campañas argentinas 
millares de galpones y depósitos de 
cereales que a poca costa podrían do- 
tarse de las necesarias condiciones de 
seguridad y que se adaptarían perfec- 
tamente al objeto. El banco las tomaría 
a su cargo y responsabilidad: reuni- 
ría en cada uno de ellos la producción 
local que se le ofreciese en simple cus- 
todia o prenda ; cobraría el precio del 
depósito, facilitaría el acceso a los 
propietarios de los productos para su 
inspección o para las manipulaciones 



- » — 

que le conviniesen, haría, en suma, 
todo lo que hacen los barraqueros o 
acopiadores que alquilan depósitos. 
Pero haría además, lo que éstos no 
hacen; abriría crédito y haría prés- 
tamos con garantía de los productos 
depositados, a tipo de interés y condi- 
ciones de pago que estarían bajo el 
contralor público, y que por lo tanto 
pondrían a los deudores a cubierto 
de la usura y de la exacción; daría 
asimismo certificados de depósitos 
que por sí solos podrían constituir un 
instrumento de crédito, o expediría 
verdaderos warrants, cuyo uso podría 
de tal modo acabar por generalizar- 
se en nuestros distritos rurales. 

AatieípM al caloM 

A los depósitos del Banco podrían 
ir los cereales del rico ; pero irían so- 
bre todo los del colono y pequeño 



— «4 — 

agricultor que necesita anticipos para 
pagar los gastos de su cosecha, y que 
podría recibirlos a proporción de su 
entrega, o que los necesita para la 
preparación del suek) y sementera 
próxima; ya no podría ser victima 
de los que acechan sus apremios y sus 
angustias para comprarle a cualquier 
precio el fruto de su trabajo, y se abri- 
rían para él nuevos horizontes de vi- 
da, de trabajo y bienestar. Nada obs- 
taría a que fueran también allí sus 
máquinas y útiles, ya para su buena 
guarda, ya para acrecer sus garan- 
tías materiales siquiera fuese provi- 
sional o transitoriam«ite. 



Al ganadero, viftatar# 
4 anmrera 

El ganadero podrá depositar con 
las mismas ventajas, las lanas, las 
pieles y (ternas productos mavil^; 



el pequeño viñatero sus barriles de 
vino; el azucarero las bolsas de azú- 
car, si quisiese darlas en prenda. 

No se diga que todo esto es utópi- 
co por su magnitud. La posibilidad ya 
indicada de alquilar almacenes priva- 
dos para convertirlos en depósitos pú- 
blicos, como lo serían en cierto mo- 
do los del Banco, está demostrada 
palmariamente por la práctica cons- 
tante de todos los gobiernos en mate- 
ria de aduanas, impuestos internos 
de consumos y en otros ramos de ad- 
ministración. Si las administraciones 
públicas, la nuestra inclusive, han po- 
dido en todas partes del mundo, cons- 
tittnr grandes ahnacenes de mercade- 
rías de toda clase, no hay raz^ pa- 
ra pensar que no pueda hacerlo «na 
institución de las proporciones del 
"Banco Agrícola". Pero queda aún 
otra fácil y útilísima manera de cons- 
tituirlos, s^ún he tenido la oportuni- 
dad da comprobarlo de yisu en Euro- 



pa. Me refiero a lo que podría llamar- 
se el depósito de confianza. Supónga- 
se un bodeguero notoriamente respe- 
table y honesto de Mendoza o San 
Juan, que posee un edificio lleno de 
barriles de vino. Si desea obtener an- 
ticipos sobre su valor ocurrirá al 
Banco, el cual comenzará por exigir 
él seguro correspondiente contra in- 
cendio y otros riesgos; confiará la 
guarda del depósito a la buena fe del 
propietario, o a lo sumo pondrá do- 
bles cerraduras al edificio, y entrega- 
rá las sumas de dinero convenidas. 
Si este acto de confianza no fuera su- 
ficiente freno para todo conato de de- 
fraudación, el propietario tendrá pre- 
sente, además, que una sola tentativa 
mal intencionada, puede privarle para 
siempre de todo crédito. El mismo sis - 
tema y las mismas consideraciones 
pueden aplicarse a los azucareros de 
Tttcumán y Salta y a cualquiera otros 



industriales o agricultores en condi- 
ciones análogas. 

Se dirá acaso que esta faz indus- 
trial del Banco demandará una admi- 
nistración vastísima y excesivamente 
complicada. Pero yo opondría nue- 
vamente el ejemplo de la administra- 
ción pública de las aduanas, de los im- 
puestos internos, el de los ferroca- 
rriles, de las grandes empresas de 
graneros y otras análogas. No será 
jamás ima dificultad invencible, por- 
que no hay administración demasia- 
do vasta o compleja cuando hay 
buena organización y grandes recur- 
sos. Más que otra cosa, es cuestión de 
buena división del trabajo bajo un 
plan de coadaptación armónica y de 
unidad en los fines y la accirái. 

Fijadas así, a grandes rasgos, las 
bases fundamentales de la institución, 
réstame tan s^ explicar, aunque 
sea muy someramente, algunos pun- 
tos relativos a su organización, , 



iM 41flciltad Más grave 

La dificultad más importante de 
una gran institución de esta clase es- 
tribará en reunir el capital inicial, 
que, s^n lo manifesté anteriormen- 
te, no podrá menos de ser muy cóaú" 
derable, mucho más, por lo menos, 
del que había previsto el Poder Eje- 
cutivo en el proyecto del Dr. Lobos» 
Pero abrigo la convicción de que ei 
capital privado no trepidaría ni tar- 
daría en unirse al Estado para reali- 
zar una obra que si está llamada a re- 
solver un gran problema ét orden so- 
cial, ofrece al mismo tiempo grandes 
probabilidades, mejor dicho, seguri- 
dades incontrovertiWes de éxito y át 
compensaciones satisfactorias del pun- 
to de vista mercantil. No creo en la 
eficacia de un esfuerzo realizado por 
el Estado exclusivamente, y pienso 
que en este ca^o como en muchos 



80 



otros, es indispensable incorporar a 
la obra el estkmtk) del interés priva- 
do, qoA es el más poderoso motor de 
las en^resas de índole comercial y el 
que mejor contribuye a asegurar la 
realización efectiva de sus fines. £s 
en este punto en el que mi proyecto se 
aparta raa^K^ramite dd preparado por 
el Dr. Lobos. 



A este objeto responde la idea de en- 
tregar a la subscripción publica accio- 
nes por valor de 50.000.000 de pesos, 
o sea de la miud del capital total, en 
series sucesivas equivalentes al 10 o|o 
de dicho capital. El valor de la acción 
ha sido fijado en una suma relativa- 
mente pequeña con el propósito de 
darle a aquella, en cuaiHo sea posible, 
tm carácter popular, a fin de que no 
eatén imposibilitados de adquirirla ios 



- 90 - 

mismos pequeños capitalistas, propie- 
tarios o agricultores interesados en la 
marcha del establecimiento y que por 
tal motivo adquirirían voz y voto en 
su gobierno, siquiera tuviesen que 
agruparse para constituir en él una 
fuerza apreciable. Autorizado el go- 
hkmo éá Estado para establecer el 
pago de las acciones por cuotas, po- 
drá facilitar muy considerablemente 
la incorporación de esta clase de subs- 
criptores. 

En cuanto a la parte del Gobierno, 
incorporo a mi proyecto varíoá de los 
recursos arbitrados por el Dr. Lobos, 
con ligeras variantes. Sin embargo, 
no se atomiza al Gobier no a hacer uso 
del crédito sino para el caso de que 
no se allegasen todos los otros recur- 
sos previstos. Creó asimismo que po- 
dría muy bien haberse destiui^do ui^a 



— 91 — 

parte importante de las utilidades 
anuales del Banco de la Nación a la 
constitución del capital del ''Banco 
Agrícola" por parte del Gobierno, pe- 
ro he preferido abstenerme de propo- 
nerlo en atrición a que, en mi enten- 
der, esas utilidades deben formar par- 
te del verdadero fondo de redescuen- 
tos que habrá que ccmstituir una vez 
que el Banco de la Nación afecte el 
carácter que propiamente le corres- 
ponde en nuestro mecanismo finan- 
ciero. 

Por otra parte pienso que si se de- 
cidiese crear el ''Banco Agrícola", 
siempre habrá oportunidad de que la 
ley lo provea de los recursos necesa- 
rios, debiendo advertirse asimismo 
que mi proyecto demanda al Estado 
un concurso pectmiario que podría 
llegar a calificarse de nimio, si se com- 
para con los beneficios que aportaría 
a la agricultura luicioiiaL Basta su- 
poner que el Gobieruo de la Nación 



— «I — 

contrtiNtya con una suma anual de 

io.ocx)uxx) de pesos moneda naci<mal. 
En cinco años habría cubierto su par- 
te de capital, sin perjuicio de poder 
iniciar con sólo aquella suma las ope- 
raciones del Banco en proporciones 
muy apreciares. Ahora íácn: diez 
millones anuales no representan un 
sacrificio en un Estado cuyo presu- 
puesto monta a más de 400.ooaooo de 
pesos, y bastaría una reducción pro- 
pCMxkmal en algunas de las obras pú- 
blicas menos urgentes para que el 
país pudiera contar con uno de los 
más gandes y eficaces agentes de su 
propia prosperidad. 

Entrego mi idea a la buena volun- 
tad de la honorable Cámara, con la 
persuasión de que satisfaría las as- 
piraciones de una parte muy conside- 
rable de la población, que siempre es- 
pera que lleguen hasta ella los bene- 
ficios de una l^sláción adecuada a 
su» aiÉielos 4e trabajo y bien^tar. 



Páginas 



Bl proyecto de ley 5 

Discurso de presentación 17 

Fundamentos, Generalidades... 22 

Primeras iniciativas ....... 24 

Proyeeto Lobos . , 25 

El crédito agrícola 28 

Oaracteristiea del crédito ágri- 

oola 21) 

Cooperación y mutualidad. ... 31 

Difienltades ... 36 

Propaganda y educación.. ..... 42 

Misión social edneativa. 44 

Movimiento centrípeto 44 

Movimiento centrifugo 46 

El problema primordial 47 

InstÁtueión capitalista 49 

Misión colonizadora 50 

Banco mixto 56 

Crédito regional 58 

Banco integral 61 

Crédito hipotecario 63 

Crédito personal. 65 



Págitm 



Habilitación 66 

Ciédito prendario 69 

Derecho de preferencia 70 

Warraiits . . 72 

Innovación característica: alma- 
cenes de depósito 76 

Omneros, almacenes, bodegas . . 77 
Crédito sobre existencias en de- 
pósito g2 

Anticipos al colono. 83 

Al ganadero, viñatero ó azuca- 
rero 84 

La difíenltad más grave 88 

Acciones 89 

Otros recursos 90 



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