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Full text of "El feminismo argentino [microform]; tendencias y orientaciones. Conferencia dada en el Consejo nacional de mujeres el 21 de junio de 1920"

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97-84120-13 

Quesada, Ernesto 
El feminismo argentino 

Buenos Aires 
1920 



MASTER NEGATIVE # 



COLUMBIA UNIVERSITY LIBRARIES 
PRESERVATION DIVISION 

BIBLIOGRAPHIC MICROFORM TARGET 



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3Vi 



B9S 



j308 

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Box 443 



Quesada, Brnasto» 1858«19S4* 

... El feminismo argentino; tendenoias y orien- 
taciones. Conferencia dada en el Consejo nacional 
de mujeres el 21 de Junio de 1920« Buenos Aires^ 
Ro880^ 1920, 

30 p., 1 1. 24F". 

"Obras de Ernesto Quesada'* : p* c27|-(31j 



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ERNESTO QUESADA 



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Conferencia dada en el Conse'Jo ISFacíoñm^ 

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T«í}ere8 Gráficos Argeutiaos de L. J. R9SSO y Cía. 



- Belgrano 475 



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EX LIBRIS 




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ERNESTO QyESADA 



El 



Feminismo Argentino 



Tendencias y Orientaciones 



Conferencia dada ex el Consejo Nacional de Mujeres 

EL ¿I DE JUNIO DE IQiO 



BUENOS AlKKS 

TftHem Gráficos Ai»ent¡iio« de L, J. ROSSO y Cl». - Belgr«io 475 

XSSO 



Señoras y señores: 



El Consejo Nacional de Mujeres— la simpática asociación 
que se ocupa, doctrinaria y prácticamente de cuanto atañe a 
la mujer en nuestro país-llevándome posiblemente cuenta me- 
nuda de qne. en mi cátedra de sociología, más de una vez había 
debido anaHzar sin dejar secreto de rincones que no la pongan 
en plaza, la situación de la mujer en diferentes épocas y diver- 
sas sociedades, ha creído oportuno pedirme con calor y sm 
admitir excusas, por más fuerza que opuse para resistir, que me 
dicidiera a explicar mi pensamiento sobre la onentacion mas 
acertada de nuestro feminismo, como fenóm^o «««JoJ^Sf 
innegable irnportancia en el momento actuaL Me goardare aquí 
bien de comentarlo sutil y eruditamente, prefinió dar 
ap¿as indicio de la cosa, por más que para el o pueda uW 
d¿^a absoluta libertad, pudiendo aducir cual había «do 
antes mi manera de encarar tan gravísimo problema,^ para 
iXcir así el punto de vista del cual hoy me atrevería sm 
pavor a hablar alto... Precisamente hace «^si un «uarto 
de siglo, en un discurso sobre La cuestum femenina (B. A. 1898 ) 
decía- "Se nota en el mundo «liwro una verdadera agitación 
en faw de la mujer, admitiéndola en la enseñanza superior, 
en las profesiones liberales, en las industanas y en el comercioy 
bregando por reconocerla derechos civúes iguales a los del 
hombres v aun pensando algunos en acordarla franquicias p^ 
Uticas, cediéndola, por fin, el primer lugar en el alivio áe lo^ 
miserables y en la redención de los descarnados. El programa 
del f«ninismo no puede ser más simpático : no busca eman- 
cipar a la mujer, masculinizándola e invirtiendo los papeles, 
sínTqufi quiere análoga instrucción para ambos sexos e igual 
posibiHdad de ejercer .cualquier profesaón, arte u oficio, 
feminismo que tiende a acordar derechos políticos a la mujer 
teóricamente no puede ser má» jiwtífieado, pues se basa en la 
mismísima razón que acuerda a los varones dicha franquicia: 
en el hecho de que todo contribuyente tiene derecho para ser 
gobernante, es decir, elector y elegible. ¿No producirá esa re- 
forma, caso de triunfar, una inversión completa en las coe- 



tumbreSj al convertir a las mujeres en miembros del parla- 
mento y en hombres de estado''? La mujer parecería aspirar 
a despojarse de lo femenino, en lo más íntimo e irreemplaza- 
ble del concepto; y a competir con los varones, a brazo partido, 
en la lucha prosaica por la vida. . . Beduzeamos la cuestión a 
sus justas proporciones y reconozeamos que, en la República 
Aii^tina, la eiKstión femenina no toene la importaneia que 
reviste en loe países de Europa: la igualdad de ambos sexos 
es absoluta en la educación, tiebde a s^lo en el ejercicio de 
las profesiones, y deberá saneionarse en la l^ifidación civil. 
Falta aún mucho por hacer, pero esta es tarea que, más profi- 
cuamente que los poderes públicos, pueden desempeñar las 
mismas mujeres, aunando sus esfuerzos en asociaciones con 
ese fin''. 

Pues bien : es esa la misión que desempeña toda prudente 
asociación feminista nacional, de manera que posiblemente ello 
explica aquella arriesgada confianza demostrada al pedirme ex- 
presara mi opinión sobre nuestro feminismo, por cuanto la índo- 
le del Consejo Nacional de Mujeres descubre la substancia de 
su médula: en realidad no participa de la tendeneia exage- 
rada y ultra de las sufragistas de otros pa&es» a las que pa- 
roce se les engolosina el apetito eon el solo voto electo- 
ral ; ni siqidera óonsidera que la acción violenta y casi re- 
volucionaria en el terreno político sea lo más importante, sino 
teme implique lanzarse imprudentemente entre las espinas pun- 
zadoras de una zarza, a riesgo de que les desgarren las carnes ; 
preocúpase — apartando toda doctrina escabrosa y todo lengua- 
je obscuro o letra enrevesada que se preste a interpretación am- 
bigua — de cooperar en lo que significa íntegra y abiertamente, 
alargando con valentía en tal sentido el dedo e indicando el 
tiempo y el fin, toda suerte de perfeccionamiento físico, inte- 
leetual y moral, de la mujer, por lo cual su propósito principal 
es abrir eamino a la mancipación de ésta en la familia y en la 
sociedad, dando a la vez realce a sus deseos de facilitar y mejo- 
rar el trabajo femenino. Cierto es que otras asociaciones aná- 
logas, como la Unión Feminista Nacional, a la vez buscan con 
ansias propiciar una federación — en la que se j)rometan el uno 
al otro, eon obligación estrecha de fidelidad, jamás apartarse — 
que junté en un haz todos los centros que se ocupan, de los más 
diversos puntos de vista y derramándose por diferentes partes, 
de la emancipación femenina : lo que extiende los ojos a más de 
lo que generalmente suelen ver, pues abarca no sólo la posi- 
ción individual de la mujer sino su papel en la sociedad y su 
IMurticipaeióai en el gobierno económico y civil de la misma; 
Badéndola así eon el hmbre partieionera de todo y sacando de 
éUo sus gajes y relieves.: 



Apresúrome a repetir lo (lue tuve oportunidad de afirmar 
en años anteriores — si he de decir lo que i^asa por mi cora- 
zón y siento desnudamente — a saber, que no puede ser más 
simpático ni más justificado programa semejante, sobre todo 
en su faz nacional y concreta, en lo que toca a la igualdad 
civil de los sexos. En la evolución social contemporánea este 
IM^lema no admite discusión, pues no se trata ya de estar 
disconformes en los juieios y teñir las acciones del color de 
nuestros afectos, porque no hay encuentro de opiniones: lo 
Tínico necesario es reformar, aplicando los medicamentos salu- 
dables de la templanza, la legislación vigente que obedeció 
a otros criterios, y amoldarla a la faz aotual de ese fMióm«io 
social, proporcionando los medios eon el fin. Homure y mujer 
son seres humanos con iguales derechos ante la naturaleza: 
debe regir a ambos idéntico fuero y ser los dos medidos por 
el mismo rasero; la diferencia de sus aptitudes, como en lo 
biológico la diversa ciaílidad de maches o de hembras entre <^í, 
indica variacaones personalísimasi porque el sér de la^ criatu 
ras «s muy voltario y sujeto a mudanzas. Pero la sociedad 
debe reconocer esa igualdad genérica con prescindencia de 
sexo y en cualquiera de las faces de la vida, y otorgar a am- 
bos exactamente los mismos derechos y obligaciones, borrando 
la vetusta distinción basada exclusivamente en el carácter 
fisiológico de los iudividuos, pue» tal peculiaridad dd orga- 
nismo no modifica la integridad de la persona. La ky civd, 
comercial v penal, debe ser enmendada quitando de en medio 
cualquier desigualdad de las personas por la referida razón 
exclusiva de sexo; el ser humano es uno, sea hombre o mujer, 
y ambos hacen una dulce armonía y consonancia, pues todos 
en «l nacer somos iguales y es una misma la formación de 
todos. Esa anhelada transfiguración del texto legal es una 
evolución todavía in fieri, y que los prejuicios atávicos y los 
criterios anticuado» resisten atin a pies juntillas en no 
partes, pero a la larga hasta los más recricitrantes no podrán 
hacerse de mármol a las razones ni prolongar tercamente esa 
absurda e ilógica desigualdad, que humilla a la mitad de la 
humanidad sometiéndola, confundida y avergonzada, al per- 
petuo e, injusto tutelaje de la otra mitad. Toda propaganda, 
toda agitación en tal sentido, es perfectamente sana y conve- 
niente, y es menester perseverar en una labor continua y con- 
servarse en perpetua acción : el triunfo de esa tendencia ven- 
drá tarde o temprano, pero cuanto más pronto mejor sera en 
beneficio de todos, ya que hoy crece como espuma la opinión 
en su favor, se encumbra y sube a las nubes, y muy pronto 
habremos todos de iMma su victoria púbUcamente y a cam- 
pana tañida, con soBerana ovación y pompa. Es veidad que 



exige una modificación discreta y fundamental de toda la 

legislación, templando prudentemente la natural demasia de 
toda innovación con una más adecuada reglamentación de los 
fenómenos sociales, desde la constitución de la familia hasta 
el régimen técnico del comercio y de la industria. 

Sólo después de haber logrado esto, que para muchos 
equivide casi a alcanzar estrellas con la mano, y de encontrar- 
se ^ nn todo equiparada la personalidad civil de la mujer a 
la del hombre, lo que significa en compendio, siendo uno sedo, 
todas las grandezas, «s que vendrá, aunque más tardamente, 
la otra faz de la «mancipación de aquélla : vale decir, su aspec- 
to social en lo relativo a igualar los derechos y deberes políticos 
de los sexos, lo que será remate y finiquito de profecías y es- 
peranzas. No me cabe duda de que esto debe igualmente acon- 
tecer, si bien no quizá por sucesión dulce y suave — por lo 
menos en nuestro país pasará todavía algún tiempo antes de 
que, en esto, las espinas se truequen en corona de gloria — y 
creo peligroso br^r fanfarrona y arrogantemente por ello 
«utas de haber alcanzado lo otro. Por lo dmás, como todo 
problema sociológico, no es podble encarar smejante cuestión 
y su oportuna solución como exclusivo asunto al»traeto y acá' 
déraico, porque sería tirar coces contra la verdad : es menefltier 
escudriñar curiosamente sus secretos en cada sociedad por se- 
parado, pues según sean los factores que influyan principal- 
mente en la civilización nacional predominante, como de ellos 
se deriva copiosa gracia será así más o menos rápida o lenta 
la evolución del feminismo y más o menos indicada tal o cual 
determinada orientación: ra preciso, entonces, ventilar el 
asunto del punto de vista preferentemente nacional, y se ha 
de ver asi cara a ctffa con él con arr^o a las necesidades de 
una sociedad dada y de los elementos eukurales de la misma. 

Por eso ha sido recibida con generales aclamaciones la 
prudente y razonable tendencia de la asociación a que me 
vengo refiriendo, siendo de observar que aquella hace cuerpo 
y se orienta análc^amente a otra, igualmente feminista, la 
Asociación pro derechos de la mujer, tanto que se diría 
que hacen de dos almas una. En cambio se me figura, por las 
razones dadas, más dificultosa y prematura la agitación que 
ha intentado provocar el Partido político feminista, tañen- 
do demasiado fuertemente las trompetas y despertando guerra 
donde no la tenemos, pues antes de luchar por el derecho 
electoral, el de elegir y ser electa, es menester obtener previa- 
mente, saliendo con su intento, la absoluta igualdad civil de 
la mujer y del hombre : entonces, siendo todos ciudadanos sin 
distinción de sexo ni diferencia de derechos, se tocará con 



— 7 — 



felicidad la meta de la igualdad poUtica como corolario de la 
civil y el feminismo llegará así seguro al ternuno de su pere- 
grinación, habiendo de mansa fuente conventídose en caudalo- 
so río V de éste en irresistible torrente. . . La cuestión ésta 
madura entre nosotros y en vísperas de llegar a colmo las 
«roeranzas: difícilmente se hallará una opinión sena que la 
considero prematura sino antes bien todos convienen en que 
se ha sazOTiado el fruto a su tiempo ; diversos son los proyectos 
de ley que, en este sentido y con varia amplitud, han sido 
TKreseotados al parlamento nacional y todos representan mu- 
chas y grandes owveniencias : ciertamente, cuando éste aborde 
]& sanción de alguno de dios, acabará tan altísima empresa 
redondeando sus estipulaciones para abarcar la modifícaeito de 
todas y cada una de las prescripciones anticuadas que, en mu- 
chas partes, tiene nuestra actual legislación respecto de la 
diferencia de sexo. Convengo en que es un negocio arduo, atra- 
bancado por grandes dificultades, pero es preciso acometerlo 
con osado ánimo y urge ante todo salir con éxito de tamaña 
hazaña, poniéndose sin dilación a la empresa. 

Ahora bien : con posterioridad al programa formulado por 
la Unión feminista nacional, se ha producido aparentemente 
una señalada mudanza en la actitud de aqudla asociación. Su 
programa parece haber sufrido alguna modifica<ñóiL Los 5 pun- 
tos del mismo— a saber 1.* cooperar en todo lo que signifique per- 
feccionamiento físico, intelectual y moral de la mujer : apoyar 
en especial toda obra' que tienda a capacitarla en su acción 
^ial; 2.° trabajar por la emancipación de aquella en la fa- 
mijia'y en la sociedad: en consecuencia iniciairá o propiciará 
anovi!mien.tos tendientes a modificar las leyes que traban a la 
mujer en su aieción individtuiail, colocándola en situación inf e- 
rioí al honiíre; 3." cooperar en toda obra que contribuya a 
facilitar y mejorar el trabajo femenino ; por lo tanto se pa-e- 
OKmiUfaitá de la ledsm^Meióai del trabajo en la industria y 
el comercio y de la ele^ión de los saiarios femeninos, ba- 
sándose en el principio: a igual trabajo, igual remuneración; 
4 o tender a centraliaw los éafuerat» hedws «n favor de la 
independencia femenina, pTopiciando la. oyaiDluMicion de ^ 
federación de centros; 5.» pnxpender a 1» formación de ^i- 
tés en el interior de la república, que respondan a los mismos 
fines: mantendrá eon tal motivo relaxíiomes con tos «sf^eio- 
Z^extranjeras de igual índole ; se diría haber sido re^ado« 
a segundo plano, transf o<miándo'se la unión en mi «ntro^ ae 
««KiftiMiiióu ,p.alítica activísima con motivo de las paralelas eJec; 
ÍSnes pMlamentarias de marzo. Más todavía: organizo 
un ensayo del voto electoral de la mujer, el mismo día 
y hora en que tuvieron lugar los comicios de verdad; la 



propaganidft se hiao con aninia<ción buUioiosa e inteso^ ener- 
gía, tanto que k fMBnaa úmñ» declaró "quie era realmente un 
adinirable espeetáeulo este entusiasmo platónico". Desgra- 
ciadamente el voto feiueniqa no fué muy miníMioso: 1.995 
mujeres auspiciaron la lista soeialista; 619, a la oandidatara fe- 
menina independiente ; 465, a las lista radical ; 397, a la demó: 
crata; 358, a la soeialista argentina, que incluía una mujer 
entre sus candidatos; 44, a la socialista internacional. No ha 
aleanzadío, pues, a 4.000 el número de miujeires (^ue ha. resipon- 
dido a la extraordinaria pi-opagaiida y, par lia oalidiad d'el 
voto, piued)e deciriae que en su eaisi totalidad sie traita de obre- 
ras aleostuantoiaidas & la discipliniai de las sociedades gremiales, 
y que "imi^nesas" — tanto de la clase media como d'e las. cla- 
ses atqpeiicBwa de la sociedladr— haitaíai sido rólo poquísimas 
lúa qae han «neído deber mapSuaest el movimiento. El plebis- 
ensBiyado ha dadk», ¡paes, vaac speailtado contraproducente 
en coanto al námero de voU»; "pero es aiaLtomátieo en lo «pe 
a la «Yohicién del famnismo nacional se teñen, pues parece 
a primea faz convertárlo en BrtÉragiano a' la ingkiaa; sólo ibay 
que d^eair, si tal sucede, que no degenere «n imitar h» poro- 
eedimientos violentos otrora preooniaadkw por la sefiom 
Pankhurst. Y es carioso que una de las votantes, henmania de 
un conocido dirigente socialista, dijera en un reportaje: "La. 
joajev — la mayoría de las mujeres en nuestro país— no está 
capacitada para votar: se dejaría arrastrar, no por eonyic- 
mxÉBB, no por la ideia del interés nacional y paitriótioo, sino 
por la simpatía. Y no sólo la mujer analfabeta: desde luego 
él vota de la mxiiier favorecería a los elementoa reaccionarios 
por una parte, y, por la otra, a los radieatoi o a un partido 
polítíeo ecpivalesite. Piwwa mi he¡nnlMW>— «entraño al voto 
de la mujer en nnesÉro pato— «p» aquí soeedería eso ; que la 
mayioría de las miugeres eonucnrriría <a -rdwjar aan máa el nivel 
de nuestra vida política, que tan dolorosamente retrogada. 
Y la mujer es más incapaz que el hombre, de sobreponerse a 
la 'simiple incliniaeión de la simipatílai personal". Esa opinión 
insospechable ane exime de mayores proíbanaais .respecto de mi 
creencia, de que aun es prematura la agitación electonal fe- 
menina: precisamente lo que más seducía antes era la discre- 
ción del programa de la Unión feminista nacional, que deli- 
benad'amente haeíai caso oimiso del sufiragismo y temidía a ob- 
tener k, igTiialdladí legal de los sexos en *odos losi óidenes de 
la vida orSnaiia. De análoga manera se diría que la congéne- 
re Asociación pro d^echos de la mujer, igualmente se lanza 
a la liza electoral : al menos, en una eonf er«acia titulada Ayer y 
hoy, preconiza el sufragio femenino calificado, arguyendo — 
entre otras razones — que si la ley política desconoce a la mu- 



— 9 — 



ier la ley civil la inferioriza y la ley económica la aplasta; más 
aún: sostiene que el voto electoral "acrecentará el re^vetoj^ 
que es acreedora ante sus hijos y consolidará el hogar Pare- 
ce a prima faz, algo arriesgadamente entumasta tal aseve- 

ración x no se vislumbra — dadas nuestras costumbres — co- 
mo una diputada o ministra pudiera a la vez cuidar de sus lu- 
ios, sobre todo si son criaturas, ni como tal dualidad de fun- 
Sies pueda encantar al marido y hacer más atrayente al hogar, 
cuando la dueña de casa se encuentre en una sesión parlamen- 
taria o en acuerdo de ministros: casi habría que reservar esa.s 
actividades a las solteronas o a las viudas sin hijos.... 
I^oro si el ensayo, tan ardorosamente llevado a cabo en a 
eWón nacional, implica un cambio dativo de rumbos : ten^^^^ 
que así sea, pues veo que se ha resuelto repetir r^J^"^^^^^^ 
4to femenino en las próxim* elec<uones «^^^f^J^Í^^ 
bre nombrando comisiones seccionales para cada eireunscrip- 
ción V una especial de propaganda y prensa i«ra esa cé^na 
electoral; con todo, quiero creer que, «««^«^ t«l/°^y"¡' 
niás bien a demostrar que lo práctico y prudente «1 
ma doctrinario y. una vez obtenida IV^'^^'^^Í 'í 
Tcan». -1» «aestión de la igualdad política. Tal es m. mane« 
■ de ©enaar y, de acuerdo con ia. misma, voy a exponer lo que, 
Z SSón canstítuye la faz lógica de nuestro femiuL™. 
Toi^e ^nrSie m p«a^^ de vista propio p^m auca. 

De^'Í^T* es menester saber con certidmnbre que es, 
«1 nuestro medio ambiente y en la hora presente, lo que exige 
el problema drf feminismo: huy que enta«r a ver el secreto 
que está debajo de este nudo; y ei ^^^i 
Iduce a pedir a ^ñto herido fe igualdad dvd de loj 
Eso basta v sobra como objetivo del ea&senzo actual: 
eso, habría' que colgar momentáneamente las ^^^f^^' 
vAo V dejar .paira el mañana que organice .su *airea «nand» y 
Lún sea menester, a fin de que todos en su oportunidad ha- 
mo. de nuevo um ouerpo y cada cual sea un miembro de el. 

un atoa que los vivifique y los sustente de un mismo 
aB«at«námi«ato. Cooii)liea.r la tebor del ii^staaite fugaz con 
todas las proyeoewnes posibles de un porvenir mas o menos 
c^no o remoto, es embrollarla y entramparla con innece- 
sarias trabacuentas: se da razón, además, « qpenes se opon^ 
a lo que en su seiit u es tx>diavía um «^«^J?*»^,^ 
«encia de la mujer en el parlamento; y se dUato, ¿aad» If 
el moiniento de obtener lo que es indisip entable punto de par- 
tida : la iguiaadaid civil. . ■ • 

Parque, aroreciado rectamente el moderno temuusmo co- 
mo -un ^an movimáento sociológico, es evideute que su aspee- 



— lo- 
to exterior — la fachada de su grandioso edificio — da mil res- 
plandores y vislumbres, considerándolo como un conjunto in* 
temacional y prescindiendo de las peculiaridades regionales» 
A los que inadvertidam^te lo eonteanplen, los pdxia la los mily 
de lleno en lleno, eon lo euid m encandilan. 

En efecto: si bien la pasada conf ¡agració] i mundial ha 
aflojado súbitamente, y a las veces destrozado, los lazos que 
unían entre sí a las asociaciones feministiiis Ínterin acionales^ 
antes apretadamente vinculadas en aspiraciones, aislándolas 
y debilitando su aiceión común ; en cambio, el hu'rfacán que ha 
♦ corrido a bocanadias por el mundo ha hecho a un lado con 

rapidez no sKñadia, axQmoeéaadolo'S violentamente de cfaajo, na 
poicos de los ineonvienienáses y obstáJcu'los q^ie antes píajrecían 
insalvables, y ha permitido, dejando la rienda suelta, des- 
envolver la actividad f menina en lineas no fantaseadas antea 
ni por sus «poetóle» zoás fervientes, mn en los momenlx» de 
fábiksax en el élpna vanas esperanzas. EeipeditliDmte las mu- 
jeres de los paóses beligeiianteB ban tenido inseeipeiiadunente 
en &a mano la anaila|vill<m posibilidtad, y ami Be han visto a 
ello constreñidas y obligadas, de experimentar teórica y prác^ 
ticamente en grandie escala lo que antes soñaínan y aun lo que 
jamás imagiuiarfitn, tccando con sus mismaisi míanos y viendo 
coin sus propios ojos la verdad de sus ideailes, todo lo cual 
habría sido materiailmente imposible en épocas norm;ales, 
siendo así que aquella supérente exiperiuien':ación las ha lle- 
vado en volandillas a las prim'erais filáis, sazonando los docoi- 
mentos de las eacíuelas y qonvirtieiDído a cada pueblo en un 
verdadero tallerr iprácti-co d'e femonásmo. Así hm tonuvdto ya 
poseisión de idterecftiost extensisimos o están en vía de eonquiisk 
tarlos, ena^rbolaondo resmeltamente banderas y donando eon * 
bríos eajl^ ecAutra aob an^we adveowurios, hogr coinddmaos y 
resa^nados: eon lo vienen aqiuellas abona a rep]%Bentar^ 
baciendo eon i>erfección el papel, no sólo una plena persona-* 
lidad bumana sino una potencia eeo(nómÍK?a y políticii, cuya 
líifluen-eia comienza floreeeir y a brotar a.fue«J'a síu herniasa 
ñgurd y ha de crecer sogurameinte así que el n^stiablecimiento 
de la normalidad vueh'a a restaurar los lazos iuternacionales 
hoy casi del to'do acaibados y rotos en gran pia-rte. No cabe, 
pues, lógicamente negar esos hechos ni confirmar la negación 
con juramento: pretender hacerlo, seria no sólo ixguis^to sinu 
poeril. 

La necesidad que — según el proverbio antiguo — tiene 
cara de bereie, obligó que quá^oeran que no a eebar mano de las 
nmgera» para reemplazar el trábalo de los honores, reclamados 
todos por la terrible guerra, f orzándb&as a. toanar contra su vo- 
luntad las veces de oitros; en todos los ói^ienes de la actividad 



— 11 — 



— desde el modesto del bracero, pasando por el obrero técnico 
y el oficinista experto, hasta la d&receión moma de la industria 
y ctel eooMrdo — por doquier la mujer se vi6 ecmstreñida eomo 
eon garrote a asumir funciones para las cuales no parecía pre- 
parada, por falta de entrenamiento atávico o de una cultura 
apropiada y por carencia de ejercicio de sus aptitudes poten- 
cíales, no habiéndose apercibido don tiempo imra tan forzado 
lance. Pues bien : ha sido qaiizá uno de los aspectos más suge- 
rentes de la tremenda pasada conflagración mundial, el hecho 
de la asombrosa, adaptación de la mujer a las funciones tan 
total y ai)solutamente ajenas a su preparación, y en ias cuales 
parecía salir a recibir la muerte, tal era su falt^ abanta de 
previo apercibimiento : con una rapidez increíble no sólo se puso 
a la altu*!» de las dTOunstancias y salvó todas la» dificultades, 
sino que, gracias a su más sólida disciplina moral, lo him mer 
jor, con más seguridad y can más diligencia que los reemplaza- 
dos, contentándose todavía con i^uneraeóón menor y ciega- 
mente atándose a cumplir la tarea señalada. Y t-an cierto es 
esto que, cuando el armistiicio en im abrir y cerrar de ojos trajo 
consi^ro repentinamente y de improviso* el problema de la des- 
movilización de los ejércitos momstrnosos, se temió con espanto 
que la producción industrial y la vida comercial se desquicia- 
ran por el automático retiro de las mujeres y la súbita vuelta 
de los hbmbres, olvidrtdoa un tanto de mm anteriores actividades, 
turbando asi la jerarquía y orden; y la sensatez resolvió «¡a 
Tudtas ni rodeos la ccmtinuaeito de la mujer en todo pioesto 
donde hubiera demostrado su adaptación, prefirienid» crear otros 
nuevos para los desmovilizados: no pudo aquella, pues, salir 
más diestramente de esa terrible e inesperada prueba. 

Es decir, el involuntario experimento sociológico ha demos- 
trado a la clara que la mujer e®, por lo menios, absolutamente 
igual al hombre aún en lo que éste consideró siempre conxoi más 
earact^ristieamente de su exclusiva incumbencia. La sorpresa 
ha i»do extraordinaria, pioes hasta a los má» acostumbrados a 
xnirair en menos & la mujer cay^ooselea en el suelo Ito® ojos y 
se mostraron abismados ante tamaña inesperada novedad. 

Pero — vuelvo a repetirlo — la situación actual y el des- 
arrollo del movimiento feminista en los diversos países del mun- 
do «on innegablemente diversos. Y, de nuestro punto de vista 
como pafa nuevo, parece por lo menos de elemental sensatez el 
no limitarse al sólo «^ecto exteaáo* de aquel movimiento, o sea 
a BU fachada. Es verdad que el observador superficial, por lo 
general, al darse a la contemplación de un edifieio de aspecto 
tan majestuoso como el feminismo actual, considera y des- 
envuelve por menudo, en construcciones semejantes, su exterior 



— 12 — 



más o menos atrayente. Pero al gociólogo, ecano al consfcractor 
Teposado, no se le apartan de la menlie los cimientios del edífi- 

pues sabe que los erroi^e artkKtieos de la fachada jmed^ 
fácilmente eorregirse borrando y desborrando, puliendo y reto* 
«ando, pero q<ue las fallas o pontos débiles de los eimieíHos po- 
nen en ^an riesgo la solidez futura de todo el sieduetor edificio. 

He ahí por qué, al examinar con madurez el movimiento 
feminista contemporáneo, desearía pro^ceder como el construe- 
toir de marras, que primeramente comprueba desípaciio. si los ci- 
mientos son o no sólidos y si tienen o no puntos débiles, para 
que ninguno se pierda de viista. Si no los tienen, si no pierden 
de su virtud ni un quilate, fácil es ponerse de aeu«rdk> sobre los 
detalles de la Oimiaimeatación exterior, que cabe mirar y remirar 
"veees sin cuento, reparando los desoiaádos y limándolos con arte ; 
pero fiá loB tioa^n, inqoiiir y notar el ajílelo de la fábri- 
ca, enterarse de la verdad del easo y ver c6nio se pueden aqué- 
llos reinediar, reparando a tiempo loa dañois posUdes. 

Sé muy bien que, en el seno de una asociación tan poderosa 
Socialmente como discreta y hábil en sus trabajos — cual es el 
Consejo Nacional de Mujeres — no cabe sino obrar por el con- 
vencimiento, y correspondiente propaganda, sobre el ánimo de 
toda mujer instruida y que razone, pues la igualdad de los 
sexos en la vida social a todos interesa: no buscaré en esta 
oportunidad, entonces, presentar las observaciones que el pro- 
blema me sugiere como si se tratara de uu asunto que jamás 
hubiera sido meditado con aprovechamiento y que quienes me 
oyen estuviesen ayunos de tan interesantísimas cuestiones* £¡1 
espacio breve de una tngsoí conferencia tampoco permite dar 
rienda suelta a largas disquisiciones, afortunadamente innecesa- 
rias en el presente caso. Y bien : yendo derechamente a la raíz 
del problema, diré que, en mi sentir, paréceme que cien mil 
agüeros confirman la existencia de esos puntos débiles, o que 
éstos inevitablemente se descubrirán si desde un principio no 
se parte de bases claras y bien definidas: es preciso no dejar 
ni una raíz en que estriben, sino antes bien remediar el prin- 
oipio y origen de las fallas. 

Y entro así con brío en» la demanda. 

En lo primero en quo no anduvo bien lógico el feminismo 
actual es en un cierto consoreio poco claro de dos ooíuceptos que 
no es fáeil hacer concordar: la idea de liberación o indq[>aiden- 
^ de su personalidad cómodo mujor, y la de -sus neoesidades eco- 
nómicas y, como consecuencia, políticas; vale decir, la igualdad 
civil de los dos nextís y la identidad política de los mismos, Ván- 
se tras ese yerro comio' si fuera verdad evangélica y con ello 
encandilan los ojos de los ignorantes. 

La segunda falla peca de aguda, pues es una autosugestión 



falaciosa del concepto de ''mujOT creadora'\ que las cabezas 
más destacadas del feminosmo sostienen ooano lábaro supremo, 
repitiendo el in hoc &igna vinces. Se tuerce así la intención con 
facilidad, y se continúa por fin torcido lo qm se empazó por 

motivo superior. 

El tercero y último error — quizá el más importante, por- 
que obliga a caminar sin rienda y falta así a las acciones el 
nivel que las califique — es una vaga y errónea síntesis a vuelo 
de pájaro respecto de lo más hondo del problema: a saber, si 
el feminismo, como tal, afirma o niega la idea fundamental de 
lo femenino, la esencia de la feminidad. Si no se acierta clara- 
mente en esto, resultarán cuchilladas al aire las de sus lides. 

Conviene, por lo tanto, examinar una después de otra esas 
tares fallas y no dar golpe en vacío: si son tales, corresponde • 
tocar cerca la verdad e indicar el remedio para hacerlas des- 
aparecer ; si no lo son, quiere decir que los cimientos del actual 
feminismo son de absoluta solidez y están fundados sobre fuer- 
tes rocas. En el acierto do la resolución va compensada, y con 
ventajas, la dilación de la consulta: porque únicamente sobre 
pedestales firmes se tiene seguro el edificio. Lo principal ee 
abrir bien los cimientos, echar fuera todo lo movedizo hasta 

llegar a lo firme. 

Hagamos, pues, riguroso examen de los tres puntos men- 
cionados y no dejemos rincón que no miremos y remiremos. 

Por de pronto, he insinuado ya, tocando la materia sólo de 
paso, mi opinión acerca del maridaje ilógico de la idea de libe- 
ración de la personalidad femenina con la de las necesidades 
económicas y políticea de la mujer: es un matrimonio a ci^as 
efectuádo y en tales casamientos no tercia Dios. Sólo ha po- 
dido provenir tal imposible tentativa de amalgama, en que se 
ven juntos el cordero y el león, de la involimtaria resistencia 
del espíritu femenino a llevar hasta el último extremo el aná- 
lisis de una idea determinada, para lo cual parece que siente 
una repugnancia interior que la detiene: no es esto una ten- 
dencia al engaño, como los filósofos misóginos pretenden, sino 
la dolorosa comprobación de que la mujer, como tal, está por 
secular atavismo más ligada a la,s prosaicas exigencias mate- 
riales de la vida y, por lo tanto, la idea de liberación de su 
paraoiMklidad le aparéce mucho más extraña que al hombre 
y en más de una se diría que reclama en contrario la concien- 
cia : lo cual ni la más inteligente y honesta quiere conceder pero 
qne, sin embai^, es una gran verdad. He procurado en estas 
cosas no creer de ligero, pero me ha sido menester rendirme 
a conformidad y unión. 

Centenares de miles de partidarias del movimiento femi- 
nista colocan instintivamente el conceptp de liberación e in- 



— 14 — 

dependencia en el más alto lugar y en primer término, inge- 
nuamente, porque su sensibilidad les indica con exactitud que 
es ese el móvil más penoso y, a la vez, más altivo : su redencióa 
está a cargo de su osadía* Algunas cabecillas, consciente o in- 
eonscientemente, echan mano de aquél — bacmido instrumento 
de vanidad lo que había de serlo de virtud — como ostensible 
seducción para atraer con blandura engañosa el ahna femenina, 
en el sentido de aspiraciones mucho más prácticamente terre- 
nales: esto es exacto, en puridad de verdad, pero eso implica 
la mejor crítica, porque es como dar a beber ponzoña ^n vaso 
dorado. Creo que no es sino lo que a diario hace con astucia y 
embeleco cualquier político positivo, y en más de; una ocasión: 
es como caldo de zorra, pero simula bien un ángel de luz. 

En realidad, la razón de ser del imposible consorcio de 
• nquellos dos conceptos se halla — dando luz a este lugar obs- 
curo — en que ambos porfiadamente resisten la debelación de 
la mujer como tal, su vencimiento total, haciéndola venir a la 
obediencia y estar a cortesía de otro. Mirados superficialmente, 
J^reeen ambos ser análogos y encontrarse fuera de toda cues- 
tión y duda; pero, si se engolfa uno en la profundidad de 
sos motivos, calando su idea básica, se verá en el acto su anti- 
nomia: no se mezclan vino y aoeite, y la complexión del uno 
y del otro no admite trabazón, pues tienen natural discordia 
entre sí. Así, la idea básica de toda verdadera redención y 
salvación es lo más individual que quepa concebir : difícilmen- 
te q1 entendimiento puede alcanzar algo más nítidamente per- 
sonal. Mientras que la idea fundamental de toda necesidad eco- 
nómica y política es claramente social: la realización de ello 
sólo es factible en la masa y únicamente cabe llevarse a cabo 
con la colectividad, para traer la cosa al debido efecto y punto 
deseado. 

El sér humano tan sólo puede redimirse y libertarse exclu- 
sivamente en sí mismo y por sí mismo, rescatándose con largas 
oraciones y por medio de sufrimientos, luchas, experiencias, 
todo lo cual se refleja en el alma humana de adentro para 
afuera, en absoluto aislamiento; por eso dijo Cristo aquella 
palabra tan humana: *'el reino de los cielos está en v<»aotro8 
mismos''. No traigo tal recuerdo para cantar el salmo 
a mis oyentes y leerles la cartilla, sino que es indispen* 
sable jugar seriamente el ju^ de las verdades. Asi, d 
procedimiento para alcanzar tal redendón exige — si ba 
de andarse llanamente con pies de plomo y no hacer cosa 
que se pareciese a muchachez — una tranquilidad hondísoma 
que no es concebible con el moA'^imiento exterior, pues la libera- 
ción personalísima es el extremo de la tranquilidad, y tran- 
quilidad interna y movimiento exterior no son compatibles: 



^ último puede quizá procurar mejores condiciones exter- 
mas pues no deja cosa que no mueva ni traza que no de para 
(sali con sus pretensiones, pero, en 

nteto el alma de cada uno, le quita el sosiego y calma impo- 
Sbüitándola para fabricar su soledad en medio del tratago y 
bullicio. Jamás podrá «itonees movimiento alguno exterior 
realizar — cumpliendo la prwnesa que hubiese hecho — la 
redención interior y la verdadera liberación d^ »»divid^ 
para que sea verdadera y resista a todos los embates, estando 
a todo inexpugnable. 

En cambio el desarrollo económico y político solo cabe 
«n una agrupación, una comunidad, y está en sus entrañas 
más ocultas y se realiza precisamente por el movimiento y la 
influeneia recíproca de las masas. El desarrollo económico y 
político de las mujeres sálo es concebible por el movimiento 
del conjunto. Todas la6 necesidades de aquel carácter radican 
en la vida común, se van ensanchando y vienen a parar un 
tronco, llegan al individuo de afuera, récabea su sentido^ y 
su justificación sólo por la agrupación. Es un modo colectivo 
y a él, ineludiblemente, tiene que ajustarse aquél deaenvolvi- 

miento. 

Ahora bien: ai el problema se plantea en el terreno de 
la importancia, justificación y éxito ruidoso del feminismo es 
decir, en el sentido de necesidades económicas y políticas, enton- 
ces habrá que dar una contestación resueltamente afirmativa y 
•decir que no hav antinomia, «no amalgamm entre «nbos con- 
ceptos el individual y el colectivo ; prescindo, por el monjento 
y en obsequio a la simplifieacióii del razonamiento, de hacer 
riguroso e'xamen de la importancia nacional o internacional 
del asunto, a lo que me referiré más adelante, pues no son 
voces análogas y significantes. Pero si, por el contrario, el la- 
Tieríntico teorema toma la forma exigida por el sentido de su 
Minificado en la dirección de la idea de redención y liberación. 
d&náo\o a entender claramente, se Uega a un resultado com 
pletamente opuesto, pues la verdad puede más que 1^ com^ 
puestas V aparentes razones: entonces resulta que el aspecto 
económico v político col^ivo es sólo uno de tantos factores, 
porque si ia Wencia redentora y libert^ora .^e cada^ 
puede eventualmente rendirse a alguna influencia de afuwu, 
4ra más intensamente cualquier pensamiento artístico filo- 
sófico o religioso; temporiza sólo con estos, con los cuales se 
^bre c<»no con muy «hermosa y grande capa de oro. pero en- 
Se d« raíz la materia y sólo en la más íntima introspección 
pinta en breve elogio su estatura y virtudes, 

Recapitulado y sumado lo relativo al primer yerro, quiero 



— le — 



intentar ahora hacer minuta de la falacia de la mujer creadora^ 
que constituye hoy — después d^ libro sugerente de la gran 
feminista germánica, Helena Lange — la divisa del estado 
mayor del feminismo : casi no hay una escritora ni una orado^ 
ra de fuste que no temga vuelto todo el peimuniento a ese- 
concepto, como axioma ineontrov^rtibie e ine(«itrovertídÍK Y,, 
sin embargo, ti^e como eseonáida y eiieoYada en k una ver^ 
dadara e insalvabfe antinomia: owa edSfíeada sobre tan ñacos^ 
cimientos no puede ser de lai^ duración. 

Trataré de mostrarlo a la clara en pocas palabras, ponien- 
do delante de los ojos lo que de apartado se pierde de vista^ 
a saber, que la relación entre dos apreciaciones se patentiza 
tanto más cuíuito más se la exagera, con lo que se aelaranr 
mucha-s confusiones. Ahora bien; lo más extremo del ccmcepto- 
''mujer" y que afecta más respiandor que la luz, es la ideií 
de fecundidad, la ciud, refiriéndola al individuo, se denominír 
maternidad, y comprende todo debajo de este nombre. La cús- 
pide de la cidifieación de ''creadora", en cuanto cabei apli- 
carla a lo humano y entrarse en las divinas letras sin ^uía, 
es el pensamiento constructivo: el cual, adaptándolo al indi- 
viduo, se convierte en trabajo intelectual, que da otro cuño 
a la imaofen que puso Dios en su moneda. ¿Cómo, entonces, 
se relaciona la maternidad con el trabajo intelectual; la ideft 
de feicundidad material con la de creación espiritual? La po- 
sición de la madre debe, si ha de ser amparo y protección para 
el ser todavía indefenso y guardarlo debajo de sos alas, ante 
todo coneretwse a lo más cercano, individualizado y material, 
próximo en el tiempo, para tenerlo siempre «obre sus ojosr 
mientras que, si ha de idear un verdadero pensamiento gran- 
de, píntalo en su imaginación como lo desea, por manera que 
forzosamente deberá referirse a lo lejano, apartado en el tiem- 
po, colectivo y espiritual, en tal forma al alcance de todos, en- 
todo momento y lugar. 

¿Cómo, en consecuencia, pueden ambos conceptos edabo- 
narse y enlazarse simultáneamente en una misniA p^isona y 
ser por unión un cuerpo y un alma? Hay en ello imposibilidad 
lógica. Uno de los dos debe sufrir detrimento y pasar por 
todo: los dos jamás podrán alcanzar a la vez resultados satis- 
factorios en dirección alguna ni salir con perfeííción con su 
obra al cabo, pues ambos quedan reicíprocamente disminuidos, 
debiendo llevar el uno las cargas del otro. Porque, o la perso- 
nalidad femenina es creadora y entonces no es propiamente 
madre, que tenga grandísimo amor a sus hijos; o, por el con- 
trario, en realidad es mujer, que tiene todas sus potencia» 
ocupadas por amor de esposa, y entornes no es creadora mi 



~ 17 — 

haca a luz mundos ideológicos de la nada. La idea de una mujer 
a la vez creadora y fecunda, trabajadora intelectual y madre, 
encierra en sí tal contradicción que no puede disimularse la an- 
títesis ni esconder su deformidad: va contra la verdad íntima. 
Y cualquiera falta contra verdad semejante sólo pued^.perjudi^ 
car a una causa, derramando su i>on£oña por las vaias y, lo que* 
peor es, el daño siempre parte de dentro. 

Debo ahora detenerme a considerar cuál es la posición del 
movimiento que eistudiamos con relación a la idea fundamen- 
tal de lo femenino. El problema anteriormente analizado nos 
lleva de la mano a este, pues se acompañan y escuderean recí- 
procamente por la espesura, porque es cabalmente la involun- 
taria autosugestión de casi todas las principales dirigentes en 
la propaganda^ al sustentar con orgullo sobre sus hombros la 
falacia de la mujer creadora^ lo que compele a dilucidar esta 
cuestión: ¿desarrolla o no, libre y sin embozo, el feminismo a 
la mujer? ¿o, acaso, plasma un tipo intermedio, que o se mas- 
cidiniza o es análogo al de las componentes de las sociedades 
de hormigas y abejas: seres asexuales, ni hombres ni mujeres f 
o, si &e prefiere la terminología burguesa ¿entre el varón y 
la mujer, el ser humano: entre el trabajador intelectual y la 
madre, el ciudadano universal? A las amorosas diligencias del 
feminismo recibe semejanza, forma y vida, lo que antes era 
un embrión monstruoso; pero ¿cuál es el tipo femenino re- 
sultante de ese ideal: es Margarita o Brunhilda, es la frágil 
mujer amante o la fiera amazona varonil? Tengo vehementes 
sospechas de que hay en esto la más grande disparidad de opi- 
nión^: teóricamente, parecen no pocas feminirtas favorecer 
el secundo tipo ; prácticamente, la naturalessa arrasa eon todos^ 
los ai^umentos en el cuarto de hora psicológico, y entonces se 
inclinan casi todas al tipo primero. Ha^^ pues, que ir a tiento 
y pensar consigo mismo si es o no es. 

Es curioso que este problema represente, en la práctica, 
el punto más sólido del feminismo y, en lo ideal, el más débil r 
cosa tan grave hay que decirla concisamente, lia de ser un eco 
de pasadas voces, un retrato en pequeño del dilatado cuerpo 
de la oración. Porque hay en ello un compromiso, y toda tran- 
sacción es un adefesio espiritual, aun cuando prácticamente 
sea por lo general lo más susceptible de éxito mcmientáneo, pre- 
cisamente por ser lo que más se adapta. Pero es llave que hace 
a todas las puertas : no ven ahí los ojos humanos cosa grande y 
es como tirar a Dios su misericordia a la cara. 

La Biblia ha dicho : en el principio fué el verbo; el poeta, 
dando un paso adelante, corrigió : en el principio fué el hecho. 
Y bien: dando un paso atrás, cabría proferir: en el principio 
fué la idea. La idea básica de lo divino es la creación; la de lo 



— 18 — 

maBCUlino, es la generación; la de lo femenino, es la conserva- 
ción de vida. Es decir, en cnanto a lo humano, paternidad y 
maternidad, en lo ffeieo; trabajo intelectual y asistencia so- 
cial, en lo psíquico. En lo puramente divino se bae^ a una ^ 

para esto la generación y la conservación; en lo típicamente 

masculino, pueden caber ambas cosas; en lo estrictamente fe- 
menino, no es pasible, en cambio, que exista sino lo uno 
«in lo otro. 

Es inútil querer arrebozar esie hecho con razones más o 
menos pobres, pues él se yergue con toda pujanza y empina la 
cerviz hacia arriba. De la forma más burda de la generación 
corporal se extiende como saeta una línea recta hasta lo más 
snuilarmente divino a que puede aspirar el hombre : el pensa- 
miento creador, con lo cual el alma se levmta hacia arriba. 
Pero aún entne la forma más sutil de la eonservadón de la 
vida y la de lo dix-inamente creador, hay un recodo visible en 
medio del camino, una ruptura entre idea básica y propósito : 
el fuerte cae ahí con el fuerte y de un topetón el tornasol lo 
afea. El principio masculino se encamina ])or el desarrollo y 
perfeccionamiento de su idea fundamental, habita atreverse con 
Aiethemeneia a lo divino; el fundamento femenino, sólo por la 
debelación de lo suyo, lo que, en lo ideal, da señal cierta de la 
diferencia insfdvahle entre lo purmente maseiüino y lo típi- 
^camente mujeril. 

Ahora bien: si el nummienfto feminista satisface afirma- 
tivamente a la idea fundamental de lo femenino, no quedando 
ni un detalle que no esté a su modo glorificado, entonces sók) 
debe propender — pues trae consigo el amor, desde que nace, 
cosido al corazón — a que la miuijer sea madi'e, en el sentido 
literal y figurado: el principio de la fecundidad y el de la con- 
servación de vida. Si, por el contrario, el feminismo le abro 
con gran voluntad la puerta a la idea fundamental de lo mas- 
•culino, de lo que genera y crea, entonces queda firme y fuera 
de todo riesgo la transaeción : la cual» en el sentido de lio más 
tnirdo, equivale a las trabajadoraa entie ks hotmigas y las 
ikbejas, con las que se diría se traeean ya taz a hia«; y en sen- 
tido más depurado, al hombre eofflto ser humano, dedigacb de 
lo sexual, y que no es madio nd hembra: de tal noticia, fecun- 
dada con la esencia, procedió el eomcepto. Porque la mujer ja- 
más- podrá trastrocarse psíquiiicaimente en hombre, -por más equi- 
valencia de derechos ante la ley quie alcance: ni aún domesti- 
earse uno con otro y disponerle a su opinión, pues sería me- 
Bfisier hacer libro nuevo y mudar de vida. 

Esa transacción y el principio de conservación de vida, a 
que antes aludí, tienen entre sí correspondencia y analogía des- 
de que son el distintivo forzoso del 90 o|o de las feministas, las 



19 — 

cuales coneiwrdan ánimoa muy disoordes al condliar así apa- 
nwtemente m concepto del intrincado tema, sea que lo conci- 
ban como puramente idealista o como prápticamente eeoaómieq 
y político: como apenas pueden desasirse de lo que una \ez 
aprehenden, de esa manera no se detienen a romper las ataduras 
de la contradicción entre ambas orientaciones sino que las am^- 
gaman superficialmente, lo que paréceles bien, muy reblen, 
porque tienen el coTazón contento de sí y muy lleno de süs es- 
peranzas. Pero es menester no hacerse ilusiones: están engaña- 
das y fascinadas cío»n un falso^ evangelio, pues tal transacción 
-e» frágil, porqiue los tres aspectos fundaanentales de la interro- 
jgaeión — la antinomia entre la idea de redención y liberación 
de la personalidad, y la de la eatósfaeción de las necesidades 
económicas y política» de la mujer; la de la antítesis entre la 
mujer creadora, y la madre de familia; la orientación del mo- 
vimiento feminista, respecto de la idea biflíea de lo femeniiw 
realmente no se apoyan en. el desenvolvimiento de la femi- 
nidad, hallándola cada vez más constante y firme, smo que se 
animan al soímetimieuto de la e^ncia de lo^ femenino, cual si 
íuera bola y rueda, tanto en la tendencia espiritual personal 
«orno len la externa y colectiva económico política. Pero en esto, 
como «n muchos otros casos, im se sale tan fácilmente con lu 
que se pret«de, porque se realiza el dicho de que cuando cree- 
moa aarastrar en realidiad somos arrastrados, pues la furia del 
sin nos lleva donde quiere y no sabmos hae^a dónde e^uoiina- 
-fúoB m definitiva. 

Porque es interesantlsáma obseorvar, abriendo 1» razón los 
ojos, cómo después que cabalmente las agitadoras más inteli- 
gentes y ardorosas se ha.n arrojadk> con pechos ctetermisMidos 
a la más varonil de las orientaciones, la del trabajo intelecliual 
má^ absoluto, en la masa feminista clairamente ha salido de pa- 
í.ales y se ha comenzado a dar realce al tipo de la mujer madre, 
mostrando cuán alta y superior es su nobleza y dignidad, si bien 
ntf estrechada. en el concepto estricto d^ lo corporal, o sea de la 
fecundidad física, sino dilatando sus resplandores en el lato y 
fi^gforado del sentídto espiriti]^ es decir, en el de la coi^rva<^ión 
de la vida. En esto, las masas fenmnirtas i>airecen ser instinti- 
vamente inteligentes en materias de estado, al wóio entien- 
\ de como una proyección de la familña, por(|ue allí do&de han 

podido contribuir más a poner en luz y efecto tal esquema, las 
mujeres acuden visiblemente solícitas al mMiejo y expedieión 
de la enseñanza, la beneficencia, la asistencia, de todo lo que 
representa conservación de la vida, disponiendo las cosas como 
propiamente suyas, con idéntico afán y cariñoi^ois cuidados co- 
mo aplican, en m calidad de madre, a su propia familia y a loti 
liijob de sus entrañas. En ^ ¿unción de maternidad social, eo- 



I 



— 20 — 

mió en la de maternidad física, la mujer es admirable y el hom- 
bre no puede ha<»erle emulación en todo lo que atañe a la con- 
servación de la vida. 

Se diría que las mujeres traba-jan ccai mayor provecho y 
más 0e aeieaUm el ingenio allí donde Las cobw no exigen una 
iifioediata reBeihici^ ítttima que se* exterioirice ni la» oblág-ue a 
ñkmfar y mm teologizat-, si^ a m estor ocioaas y darae buena, 
maña : es decir, una pura partíeipAeióii externa entre loa doe 
polos antitéticos de la maternidiad y del trabajio» in*elíctaal; a 
sea, ahí donde es pasible nna transacción que evite el tener que 
decidirse por Jehová o por Baal. En otras palabras, por lo gene- 
ral allí donde las mujeres desempeñan debidamente funciones 
en cierto modo maternales en la vida del estado : en la beneficen- 
cia pública, en la asistencia, la educación de la^ niñez, cuidado 
de enfermos, et-c. Realmente es una línea recta la que, ai^an- 
eando de la maternidad física, viene a tocar el término seña- 
lado en la orgaiázación de las más impoirtantes funciones de 
la docencia o de la ben^eeneia publica, por maonera que la mu 
jer modeste que dirige un hogar fanüUar, lógicamente puede 
acabar con brío y gallardía la carrera c<»iv«aiiida en represen- 
tante autorizada' de los intereses comunes femenineiB. En ambos- 
casos únicamente habría estado llena hasta arriba, hasta no ca- 
ber más, con la conservación de la vida: primero de sus Mjos, • 
después' de sus prójiimos. Por eso, en la mentada transacción es 
donde cabe la posibilidad, siendo tan pr.rande m anchm^a y ca+ 
paddad, de que, por lo menos en la dirección de un verdadero 
desarrollo netamente femenino, esta estupenda agitación venga 
a ser laia *ra»»ición entre la maternidad, en el sentido estricto, 
y la eooservación de vida^ en sentido lato ; pero «iempre la mu- 
jer desempeñaría fuMeiones típicamente maternales. 

Ciertamente, los millones de obreras de fábricas, de em- 
pleadas de tiendas, de escritorios, etc., parecen tan solo preoen- 
parse exclusivamente de su lucha por la vi^-, desde que es esto* 
]o que las hace andar marchitan con la perph\iidad, siendo lo 
que más de ceixía tienen que palpar y apuñar, por lo cual bus- 
can tener éxito en tal lucha y resistir a todos los contrastes, 
gracias a una mejor preparación y más adecuada representa- 
ción de sos propios intereses. Es verdad ; necio sería no recono- 
eerlo. Pero a la vez es visible el singular y aparente niteres 
que unánimeiaente las organizaciones feministas a pnma faz 
demuestran en tixda cwfiti&i de aaisteneia social, de pacifismo, 
de lueha contra males doiectávtó; de modo que se palpa en el 
acto cuan honda es la participación de la mujer en la vida pu- 
blica, consciente o inconseienítemente, pero puest» Siempre la 
proa' y el intento en la dirección de la nrimón específicamente 
femenina die la conservación de la vida. 



21 — 



Bn los comienzos de este movimiento por doquier se oía: es* 
i» o lo óteo pueden hacer las nnujeres, si se les deja iponer mano 
en k obnu Pefo abora las más puogfresistas eólú pregonan este 
eartel : que es lo que únieamrate puede hacer la mnjw, lo que 
es más especialmente suyo, vate decir, que es lo que ^SEdhnáva- 
mente pone en ejecución y que sólo cabe pase por su mano. Y 
tai evolución es consoladora, porqTO indica, como pronóstico de 
que hará proímóji, qu\e la conciencia de la propia personalidad 
necesita caracterizar debidamemte las posibilidades de ésta, en 
el sentido de la idea básica de la esencia de lo femenino. Tal 
•confesión fué muy especificada y declarada con sutileza, parti- 
eularizando sus grandes virtudes. 

¿Pero e*9 -sm-so la idea de conseirva*eaón de la vida lo más 
-moáestói ¿Es la idea de la conserv^ación de la. vida misma 
más elevada qnie la nusm^ vidaf Al ventilar esta cuestión, 
justo es neeonooer cpe, para acortas* di£ícii#aidles, hay que 
tírai^ nnevas limetas. Patna dbntar dcnechamentcí ü nmdo, diré 
•que evidentemente sí, y sobre esto es menester no haeerse ilu- 
sión alguna. Porque en el cosmos biológico, aun cuando mu- 
jer aJLguna concibiera y ninguna madre se encargara de con- 
f-ervar lo >iacido, la idea de la reprodu'cción emcontriaría ma- 
nera de crear nueva "vída en cfuialquier fonna, pues en algú:'. 
momento de la existencia diel mundo 'lia vidia se liiai oiúginado 
sin el concurso de lo feanenino y masculino. Pues bien, las 
mujeres se analizarían a si mismas más claramente y verían 
con más nitidez el ciatmino a seguir, si tuvieran siempre an- 
te soB ojos .aiquel eam&pio «^remo de la idea nüsma de la 
Teproáxkeé6n. 

Al comienzo del feminismo coetáneo, parecía que éste no 
iba a ejercer influencia inmediata considerable en la reden- 
ción y libenaición intenia e individual, que hierre en la volun- 
tad y iprende el amor, y que no sería, a. este res-pecto, sino 
:un faictor entre taintos, pero no la base fvuidamental sobre la 
cual armar l|a carsa y cimentair' las pare'des. Porq»uie en ver'díad 
el móvil principalmente práctiico de dicho movimiento, de^s- 
•cartada la exageración primera sufragista en Inglaterra y to- 
mañdlo la tendencia más diseminada, en AiLemaniai, parecía 
eniciainriliado entonce» en obtener pe^mi la miujer, obligada a 
tnaíbaóar, la más iadeeosida pEre$Mura«ión imaginable y atsOTdaor 
JSL sm intereses la más eíkm p9x»tección qpo^lrie: vásiible^nte 
lai lañigla y quibaiba el sueño aquella eonláderadj^ Pero su 
lado ideal ha esbaido en que, sin preteníderio casi, le alumbró 
el entendimiento descubriendo las dificultades y peligros, y 
ba enseñado así a meditar: pero no sólo debería haeerse esto 
siuío le^vantar el alma i\\ generosos pensaanientos, e infuiidirl:» 
Jta conciencia de que la mujer, coauo el hombre^ puede atre- 



verse con viril fortaleza a todo. Saca así a luz la verdad de 
qflse la idea báaáclai dfe lo feanenino es la mi'aiternidad física, que 
eoiidhtoe tógictíiaeiite a la •nuat^mid^ sociai dentno de la vi- 
da de los pueblos, mostraiido así a la mujer la senda que de- 
be tomar. Bn tal sentido el feminismo lleva a la cumbre de 
la perfección y hace las cosas de raíz. Pnede asimismo tender 
un puente, sobre el abismo profundo que cava la antítesis de 
ciertas conceptoí?, leoimo ajiites expuse; y haxíe¡r en tal forma 
ascender a la mujer con alas de viento el sendero escarpa- 
do que pone entre las estoeUas su nido a!l, eonduciir al neino 
del pefflBamaeato, de la idea cjreadoTO : pero le!\iantando el al- 
una «I mafiroras cosas, con plenia wneiencia^ de que como no hay 
laadio «ofcre la etanhire y la «eaída-, sólo p^odrá lograr tan ar- 
dua etapnwa ocm 1» dtebelamón cGBtiiple»ta de lo propiamente 
femenina iM mayoría prefíei« hiacea' el personaje de Peer 
Gynt — ni carne ni pescado — pero «ao no modifica res- 
bringe la absoluta veidad! de aqwüa icondlíisión : hay que sa- 
crificar la feminidad en aras de la intelectualidad y ofrecer- 
la en hcloeau«to como d^igna oífirend». Bn la literatora con- 
temporánea este caso doloroso de la antítesis irreductible en-- 
I re la condición d¡e imadre y ki de mujer intelednml, die pro- 
feedón liberal o creadloira de pensamiento .en alguna fioímia, 
ha eád^ estu)di;ado con emipeño por novelist-a.s descollantes y 
esos libros emiocioniatntes incitan a meditar : hay algrumo, como 
Prineesse de sdence, que instaaitáneamente aíl(borota la sua- 
vidad dtel aXmA y levanta la mente a La considt^r^ción del in^ 
bohible pffoblema. . . Porque, ^r más initeleetoial que una 
mujer, m el fondo no deja de ser esclava de su sexo, y la 
natnrafea&a, en ei weiordlado «m^rto de hoíra psicológico, siem- 
pre vezuüe y ctestroaa toda traiba ar<áE&daL: el iinatinto feme- 
nino «8 tan podenoso que, asm en el momi^to m qpe más pa- 
rece ahoga, resunge soberano y avMaalliadoP. He xiMOíDdaDdo al- 
i>:una vez, a esite resí)eieto, el ea£K> típico de nñia figura; tan m- 
gerent^o como Soinia Kowalewska . . . Eso demnefitra, enton- 
ces, aun cuiando sea unía verdiad de poep voOcottmea, quie el ham 
bre medio, cionio li.i mujer aaiáloga, para entregar stuis años 
a la dilación de las esperanzas, prefieren vivir de compromi- 
sos y transacciones; y que el movimiento feminista, que parte 
de la mujer y que tiene la tendencia a la idea, más que otro 
éigam debe teñen- en ig^uales bakaamisi lia dlo<;tiMia y las chds- 
tambres, m i)irieítend« iwtar en el mundo eww en fil y ad^jp- 
tarae al wtSáú amfciemte. 

En cuanto a la forma del feminiano en los diversos paí- 
ses, ha pasado en cosa juzgada que las organizaciones disci- 
plinadas, sin las cuales no tendría éxito ningún gran- movi- 
nmento, y los vaívatóies iuteroaímbios iníemaicionales, deberían 



23 



poiodiacsr um cierta aranoníiai, o por Its menos semejanza, eit 
hm Mrevaa» lasockbciosies femeíDjinas dte los diferentes pueblos, 
piam que cwMOOierdeiu y oorrels|Kwitdian unas con otras. Sería, 
aaa enobasr^, sensible que reaultam de ahí aibstoiluíbai unifonni-r 
dá4, parque en reaílidsd! tos reqiueiimíentos de cadcn país son 
magr K^srtnntos de los otnm y no sieafipire adjetivan y tienen 
oonmnanda y, en lo femenono, sustentan fomitta diferentes 
segúíu huteilLas que sigan en kt . vasta escala de la matemi* 
dad, desde el estñoto concepto físAeo hasta é. mas lato social,, 
dandirv viieltító dei>d;e la. raíz a\ la caimbre. Los ipaí^s nuevoSy- 
con población escasa, requieren porfiadamente la maternidad 
en su sentido e^ítiicto físico; mientras que naciones viejias, de- 
masiado densaimentie habit.ajdas, lo qiiie tiiae consigo unra serie 
dte problenms s:i'eiales ¡ineludibles, necesitaii con grande dili- 
gencia mas de la maternidad en su sentido lato social: así hoy, 
en los países (jue participaron en la última tremenda guerra, la 
desproporción de los sexos, haciendo que el femenino exceda- 
ai masculino casi en más de dos tercios, abre al feminismo 
horizontes locales especialísimos, que no tendrían aplicaci^ 
alguna en las naciones que permanecieron neutrales y en las> 
cuales la proporción de los sexos se equilibra o el masculino^ 
excede li^ieramente al femenino. El clima, la densidad de po- 
blación, las coudici(»nes de vida, los estadios de desarrollo, etc.,. 
señalan los límites no sólo a las necesidades sino a los anhe- 
los del mundo femenino: hay, pues, que tener con cada país 
su estilo y hacerse con cada uno según su manera. Pero por 
doquier se mide a todos por el mismo rasero de una pre- 
piuración individual adecuada, primero; y, después, la 
correspondiente representación colectiva de los intereses, 
siendo así que los de carácter político se desprendea 
locamente de los pnnunente económicos- Por eso uñar, 
iraitaoiófni mecánica de lo que ocmstituye exceSjentes digflwcfcofi 
y idlebei es de mi píaís a otro, podría dar por resultados el con- 
vertir la sensatez en locura y lo benéfico en nocivo. Afortu- 
n,aidamente el tiempo y la expeiriencia son libro:s vivos que 
enseñan que la necesidad por sí sola regula : pues hay que 
ir con \ñM \eym de la natuii^aleza, es decir, aanoldai^ a la raza,^ 
el clima' y la loult-uiia. 

i Debe, entonces, ser el movimiento feminista nacional o 
intemaeioiíajl? Por die promto, ¡no puede serle indiferente co- 
mo tnt, ni Q, lab mutieres con^ienfa^ que lo dirigen y forman, 
lo que «adb piaía oieqiaaiere, siempre qtae sepan 'lio que ellas- 
mimm neoesátan: «ae es el deber die tocta diremón, ¿mudar 
eiierapre con el .gioberaisdie en la manió, pami Hevaar y guiar los 
pasos 'dc' la. ^a^g-ruptacióni con madurez. Pero, ad mifiSDO tiempo- 
¿está acaso en el interés del feminismo, como tal, hacer resal* 



— 24 — 



tar su tendencia internacional mareada, como si todo lo tu- 
viera bueno y perfecto, siendo así qne no admite barrera» y 
qt,» ex«ta«l.«B»«nte ae preocupa de lo« i.ntere.se«^ ^rX^? 

y con preseindeneia de lugar y tiempo de su ejercicio! 
400ÓI de esas tendlencia» e» .preferibb? ¿aveataja una de. Late 

Si 5^ feminismo quiere sólo lograr con su omnipotencia 
los excesos de su deseo, sin reparar en imposibles ^ ^onvirtien- 
dose en un poder sin discretos límites, debería entonces sm ti 
tubear. proceder llanamente como las ^^f^^!^'^ 
gentes doctrinarias que a tal aspiran, cual las Obx^ras, y mx 
Netamente internacional. Eso evidentemente 
«ter de acción en el sentido de los intereses propios, para los 
cusdes sacará crecidos aprovechamientos. 

Pero si el feminismo ha de ir con el compás en la mano y 
asDiraTm lauro más alto y anhela transfigurarse en un valor 
So qríSÍÍ de oro lo que pesa, deberá considerar otros 
po hcS v Te subidos quilates. Mi, la idea del estado es un 
verdXo valor, que cobra gran precio, no sólo en el sentido 
de ios egoísiuos rivales, como las asociaciones^ internacionales 
ius an deeir sino en el sentido de ramificación^ claras del 
fuelpo soc'aí v de las aspiraciones justificadas de cada u«^ 
de euL- el eskdo, efectivamente, no se afana por lo momen- 
tán^^íno que m¿rcha sm descansar solo un punto hacia sus 
S ^r lo es confuso, sentimental y poco verdadero, en- 
^r a las cosas con el tenue velo de humuniciad y tratern 
.dad pues se entra así involuntariamente por el camino de a 
fraudulencia: individuahnente los hombres, emancipados de 
prejuicios, se reconocen y saludan como a amigo por encima 
de todas W barreras y diferencias sociales, pero las masas 
colectivas requieren aquel repartimiento en ramificaciones y 
iustos acuerdos. El hecho de que a la vez sean organizaciones 
combativas no pocas de esas ramificaeiones no modifica las 
cosas, porque la vida es lucha, y aun las asociaciones obreras 
V feministas son igualmente combativas. 

Los pueblos y los estados— es decir, los que no deben su 
.^EWtencia al capricho de un vencedor o a las estipulaciones 
de un tratado "de paz", sino que se han desarrollado como 
producto de su historia, su raza, su situación geográfica, sus 
condiciones de vida, y constantemente están perfeccionando- 
ge—son el resultado de una evolución orgánica. La naciona- 
lidad-no el patrioterismo-es para pueblos tales lo que la 
personalidad es para el individuo: un valor vivo. Ahora bien: 
es siempre poco cuerdo, y aun injusto, el desdwiar la e^^n- 
cia de un valor vivo, porque entonces se dirá denegada la 
justicia. De ahí que el movimiento feminista, como cualquiera 



— 25 — 

otra agitación análoga, si aspira a mejorar la ramiñeaei^ 

de la humanidad en pueblos y estados evolucionados y adelan- 
tados, para lo cual todo les sobra, añadiéndoles un aspecto - 
superior que los perfeccione, continuará sin perder un punto- 
de tiempo con su tendencia de conservación de la vida, .si bus- 
ca hacer concepto cabal de los valores vivos de la idea de esta- 
do y de la nacionalidad, y celebrar ésta debidamente hasta 
encumbrarla por aobie el ^elusivo egoísiao de sos intereses> 
banderizos 

Porque, en definitiva, el movimi^ito feminista enriquece 
y «tmobleoe a cada pueblo eon el aporte de la mitad de sus 
ciudadanos, al convectir en tales a sus mujeres, transformán- 
dolas de su anterior estado de seres sin x>ensamiento o bestias 
de carga dignas de lástima, eon lo que da otro matiz, otro color 
y otra forma accidental a todo. Y de esa manera lleva en pal- 
mitas a la vida del estado la conjunción, llena de vigor, de la 
dualidad humana — ^hombre y mujer — en su sentido más amplio- 
y grandioso. 

Para tocar eon felicidad esa meta es menester, por lo- 
tanto, metódicamente pisar la sombra de las líneas de la evo- 
lución: así se reducirán los negoeios al fin deseado en el 
menor tiempo posiUe. Pero si, por el contrario, por falta de 
darse clara cuenta de la lógica del feminismo, se bebe los 
victos por alcanzar de un golpe el objetivo, por medio de una 
revolución — si no en la materialidad de un movimiento arma- 
do, por lo menos en la de un vuelco súbito en costumbres e 
ideales: pretendiendo p. e. conqui.star el derecho electoral, ac- 
tivo y pasivo, antes de haber obtenido la igualdad civil, que 
constituye la verdadera liberación individual— entonces se 
corre el peligro de trastocar los factores y concitar en su con- 
tra muchos elementos que serían favorables a la evolución se- 
suda, pero que con intrépido peebo se opondrán a la contra- 
ria fortuna. 

Y he aqui por qué, al comenzar esta exposición, puse eir. 
el aeto delante de la vista mis vivas simpatías por la pm- 
ctoieia áú programa de lo que mtieBde es un sano femi- 
nismo — y asoeiaeión alguna me parece eneamarlo mejor 
que el Consejo Nacional de Mujeres — y que espero conti- 
núe siendo el mismo en adelante, con lo cual he querido coad- 
yuvar al mejor é?:ito de los esfuerzos de quienes eon ese mo- 
vimiento simpatizan, repicando la aldaba para llamar su 
atención hacia dos o tres puntos que, si no se ventilan cou 
lógica estricta, pueden involuntariamente hacer perder el hi- 
lo y método al movimiento y retardar, por caidie, el logro 
de sm propósitos. 

Al ll^r a fin esta brevísima exmt&emem eon tanta eosta 



— 26 — 



y trabajo, daré cima a la peligrosa aventura declarando que 
lío puede tardar el triunfo de los ideales doctrinarios de pro- 
grama semejante: es cierto que a veces hierven en los prin- 
cipios y se hielan en los fines, pero mejor es ir despacio y 
mantenerse imperturbable en los earriles diaerefcoB que a si mis- 
mo se ha trazado ; de esa guisa no se apartarán jamás de su 
lado las simpatías y el comjurso de todos los hombres de bufflaa 
voluntad. En mi larga práctica de administrar justicia, me ha 
tocado constantemente tropezar con las trabas que nuestra^ le- 
gislación pone a la personalidad femenina: he debido aplicar 
la letra de la ley pero he cuidado, en cuanto cabía, de expresar 
kB salvedades doctrinarias que la sociología hoy hace impres- 
dndibles, buscando que, por lo menos <m el terreno de lege 
ferenda, resalten los principios justísimos de una justísima 
igualdad de los sexos en la vida diaria, en todas las esferas de 
la actividad, civil y eonnarcial, profesional y obrera. No al- 
canzo a comprender cómo en nuenrtro ptó, mqtoera por él ata- 
\'ismo morisco secular de la época de la conquista, la mujer ha 
podido ser considerada por las costumbres como sér inferior al 
hombre, obligada a vivir en minoridad constante, incapaz 
siempre, necesitada de la ayuda supletoria del padre, del es- 
poso o del juez, como si la naturaleza la condenara a una per- 
petua cúratela. Hoy las costumbres han cambiado a este res- 
peeto, pero la legislación continúa representando el punto de 
vista de antaño, y de ahí la ui^ente necesidad de reformarla 
7 ponerla en eosisonaneia con el criterio liberalísimo actual. 
Hago, pues, votos por que el discreto program feminista tra- 
zado, consiga pronto el 1<^ de sus afanes ll««ando ai fin de 
^us deseos, y que todos podamos saludar, en la sociedad ar- 
gentina, a la mujer como igual del hombre en todas las es- 
feras de la existencia. 



OBRAS 

ERNESTO QÜESADA 

Fiscal de Cámara 

Profesor de •ocioloeía en la Facultad de filosofía y letras (Buenos Aiiei) 
y en la Facultad de ctoneiM iwfdieM y toeiOBS (I Tni fB wM t d d» Ia Ptat^ 

Director de^ Academia argentina de la lengua 
Correspondiente de la Academia esptóola; id. de la Academia de la lústona t ^'^ ^) 
del Instituto histór co e geograpUico do Brazil; del Instituto dos ttdfOÉMM MMunm 

(Rio de Janeiro) 
del Instituto histórico y geográfico del Uruguay (Mon tevideo) 
MtoMiini honorario de la Facultad de leyes y ciencias política» (ünifcnidad de ChW 
de U AcAdemla nactonal de historia (Bogotá) 
y Academia Colombiana de jurisprudencia 
de la Sociedad Argentina de derecho interaacional (Buenos Aires) 
de la IntemationAle VereinigiiiiK «r nxi ^kM mám BuulilM \tmmm Iwft mid 

Volkswirtschaftslehre (Berlín) 
Miembro del consejo de honor de la lutemat-onale Vereinififun* für Re chts 
und VVirtschaftsphilosophie (Berlín), de U American AmOmcf «f woem MMOt 

(Philadelphift) 

de la American political science associatími (Baltimore) 
de The Uispanlc society of America (Nueva Toik) 
át Ift Bhod» Idand historical society (K. U.) 
de Ift Mal* d'dtad» Mfltotím (Paria) 



EN COLABORACION: 
t* COK UnOOhlM MABBA 

1. Memoria de la biblioteca pública, corre^ondiente a 1876. B. A., 1877. 

1 vol. de 222 pág. 

2. Memoria, etc., correspondiente al año 1877. B. A.. 1878. 1 voL de 

389 pág. 

3. Informe eohre Uta eoíeeeUmee ée o»rw argemtím^ que 9e envlm a te 

ewpoHdán univereál de Parie, B. A., 1878. 1 wol. de XIX-77 pAff. 

2* CON AIXH.FO Mina 

4. Derecho intemoctoMi priwido, B. A., 1878. 3 voL de 148 p&g; c u. 



. 3« CON VICENTE G. QUESADA 

S. Nueva revíHa de Buenoa Aire». B. A., 1881-1886. 18 voL de 589 pAgr. 
aprox. cu. 



DSIi AUTOR: 



$. La sociedad romana en el j^rimer siglo de nuestra era: estudio crític<r 
sobre Peraio y Juvcnal. B. A., 1878. 1 vol. de xn-280 pág. 

7. LHrnprimerie et les livres dans VAmérique espagnole aux XVIr 

XVII et XVIII siécles. Discours prononcé au congréa internatianaZ 
des américanistes, Bruxelles, 1879. 1 vol. 

8. La recepción de Htmri Marm «« la aaaámiia frumo€$a. B. A,, ISSOr 

1 voL 

9. Goethe : eue amores. De la influencia de la mujer en eue ohrae Mera^ 

riae. B. A., 1S81. 

10. Di9>aeli: su última novela. De la influencia de la politica en sus 

obras literarias. B. A., 1881. 1 vol. 

11. La quiebra de las sociedades anónimas en el derecho argentino IT 

extranjero. B. A., 1881. 1 vol, 

12. La abogacía en la repúWco. IHmswnO en la col*Ci6n de grad<MU 

B. A., 1882, ^ « A 

13. Contrihucián al eatudh del W»ro IV del código de eomercío. B. A.^ 

18S2. 1 vol. 

14. m^uáioe sohre quieJ^rae. B. A., 1882. 1 vol. de xxxii-374 
15 Las reformas del código civil. B. A., 1883. 1 vol. 

16. Discurso en la asociación de literatos del Brasil. Río de Janeiro, 1883. 
17 La politica americana y las tendencias yankis. B. A., 1887. 1 voh 

15. Un invierno en Rusia. B, A.. 1888. 2 voL de 245 y 252 

19 Las finanzas municipales. B. A, 1889. 1 VOL de pá*. j 
2o! Dos novétas eooMógioas. B. A.. 1892. 1 voL de 222 p&&. 

21. La munMpamad de Bmrmienio y el Jf. O. al Pacifico. San MisueU 1891. 

22. Reseñas y cHtUsas. B. A., 1893. 1 vol. de 528 pfi«. 
22 La decajñtación de Acha. B. A., 1893. 1 vol. 

24. Xa batalla de ItuzaÁng^: esPudio histói-ico. B. A., 1894. 1 vol. de 
121 pág. 

25- Reorganización del sistema rentístico federal: el impueeto eotre la 

renta. B. A.. 1894. 1 vol. 
26. Alocución patriótica pronunciada en el Ateneo, el 25 de maiyo. 

B. A., 1895. ^ ^ 

27 La deuda argentina: su unificadán. B. A., 1896. 1 vol. de 142 pftg. 

28. La pomca cHUena en el FtMa. B. A.. 1896. 1 voL de 882 pág. con 

29. La iglesia católica y la cuestión social. B. A., 1896. 1 vol. de 105 pág. 
80, Los privilegios parlamentarios y la libertad de la íw-enso. B. A. 1896. 

1 vol. de 115 pág. 

;u El museo histórico nacional y M importancia patriótica. B. A., 1897. 
32! Quiebra de las sociedades anánimaei reeponeamdad personal de loe 

directores. B. A., 1897. 1 voL 
83. La época de Rosas: eu verdadero cordoter Wetdrtoo. B. A., 1898. 1 

toL de 892 páff. 

84* La politica argentina respecto de Chile. B. A., 1898. 1 vol. de 239 pág. 

35. Bismarck y su época. Conferencia en el Ateneo, el 18 agosto. B, A.. 1898. 

36. La cuestión femenina. Discurso en la exposición femenina. B. A.. 

1898. 1 vol. 

87. El derecho de grada: necesidad de reformar la iuetieia enmmoí p 

correccion€a. B. A., 1899. 1 voL 
38. La reforma iudieial: deficienelae del prooedimienio e independencia 

del mMeterio flecan. B. A., 1899. 1 vol. 
89. r«ll«iilae de San Martin : estudio de las coiecdones del museo 
hiet&rico naeionoL B. A.» 1899. 1 vol. 



~ 29 — 

40. Las reUquiaa de San Martín. Segunda edkMn, con la iconografía y la 

l»eela eammartíniamae. B. A., 1900. 1 voL de 178 pA^rinaa 

41. La paMn^ ^'vúUia^: imforme presentado al Ateneo. B. A., 1900 1 roL 

42. La reincidencia y el servicio antropométrico. B. A., 1900. 1 voL 

43. El problema del idioma nacional, B. A., 1900. 1 vol. de 157 pág. 

44. Discurso en el banquete dado a los periodistas brasileros. B. A., 

1900. 1 vol. 

45. Nueetra raea. Diacurao en el teatro Odeón» el 12 de octuln^, B. A, 1900. 
48. lioe reliquiaa de Mam Mart§n. 3* edieíáñ corregida. B. A., 1901. 1 voL 

do 189 p&s. 

47. Comprobación de la reineidencia. B. A., 1901. 1 voL de 101 pftg: con 

láminas. 

48. Historia diplomática nacional : la politica argentinO'ifaraguaya. B. A.. 

1902. 1 vol. de xi-302 pág. 

49. El criollismo en la literatura argentina. B. A.. 1902. 1 vol de 131 pá^ff. 

50. Las reliquias de San Martín. 4* edición. B. A., 1902. 1 vol. 

51. Trieteeae y esperanttae, B. A.» 1908. 1 jvoL de 100 pág. 

«2. Loe reUaulae de San MarMa, 5* edicidn, B. A., 1908. 1 voL de 81 p&ff. 
68« La propiedad loeelediial en el derwho orgenHno. B. A» 1904. 1 vcL 
de 498 p&ff. 

54. Vn escritor guatemaiteco : Antoyiio Batres Jduregui. B. A., 1904. 1 vol. 

55. La sociología : carácter científico de su enseñanza. B. A., 1904. l voL 

56. -Las doctri7ias pre sociológicas. B. A.. 1905. 1 vol. de 95 pág. 

57. La propiedad raíz en el derecho argentino ; reforma de su régimen. 

B. A., 1906. 1 vol. 

58. La crisis universitaria. Discurso en la colación de grado& B. A., 

1908. 1 voL 

59. La faouHad de derecho de Parió: estado actual de au enseAonMi. 

B. A.» 1908. 1 voL de 858 pte. 
80. Wl problema naeioma obrero y la oienoia econámica. La Plata, 1907 

1 vol. 

€1. Herbert Spencer y sus doctrinas sociológicas. B. A., 1907. 1 vol. 

62. La cuestión obrera y su estudio universitario. B. A.. 1907. 1 vol. 

63. La teoría y la práctica en la cuestión obrera: el marxismo a la lus 

de la estadística, B. A., 1908. 1 vol. de 67 pág. 
•4. MI ooctálogo Mnrique Perri y sus conferencias argentinas. B. A., 1908, 

1 voL de 180 pá^- 
85. IdenHUeaeíán daetHoecápioa. B. A., 1909. 1 vol. 
U. Augusto Comte p ene doctrinas -Bociológioas. B. A., 1910. 1 voL 
$7 La cuestión dactiloscópica : los tituioe de la ienofeíiamgom^eMa imce- 

tichiana. B. A., 1910. 1 vol. 
M* MI derecho mercantil, de cambio, de quiebra y marítimo de la 

2nlbHca Argentina. Berlín, 1910. 1 vol. de 345 pág. 
69. Das Handelsrecht, Wechselrecht und Seerecht der Republih Argén- 

tinien. Berlín, 1910. 1 vol. de 845 pág. 
<79, La eneeüanza de la JMeioria en la» universidades olefaawae. B. A.» 

1910. 1 voL de xxn-1828 vkg. 

71. La mujer coMUia ante el dereeil^ oroealiMO. B. A., 1911. 1 voL 

72. La mujer divorciada ante el derecho argentino. Santa Fe. 1911. 1 vol. 
28. The social evolution of the 4,rgentime JRepubUc. PtiUadelphia» 1911. 

1 vol. 

74. La evolución social argentina. B. A.. 1911. 1 vol. 

.75. La enmienda de is$t en la doctritsa de la fUia^ón natural. Santa Fe* 

1911. 1 vol. 

y6. El iesiamento ológrafo en derecho argentino. B. A., 1911. 1 vol, 
77. Alberto del Bolor; su personalidad literaria. París 1912. 1 vol. 



— 30 



7S. La ciencia jurídica alemana: tendencia actual de sus civilistas, B. A., 

1912, 1 vol. 

79. Víctor Margueritte: la tesis de su úlUma novela y la reforma del 

régimen matrimanM, B. A,. lí>12. 1 *voL 

80. La integridad de la fatMia en dereeho orgenHno. B. A., 1912. 1 vol. 
8l! The commercial, MOe of emchange, hankruptcy and maritime íaw of 

the ArgenHne repuhlic, liOndon. 1912. 1 vol. de 318 pág. 
M. Los Maternas de promooián en la wtí/verMad de Londres. B. A., 1912, 
1 vol. de 299 pág. 

83. Los fenómenos sociológicos australianos y el criterio argentino. B. A., 

1913. 1 vol. 

84 Manuel F, Mantilla: su personaHdad intelectnal. B. A., Ifl4. 1 vol. 
85. Los tres Lápex. IHacurao en la r»o^6n del ausadémloo A. IMl^^ane. 

B. A., 1914. 1 voL 
88. Una vuelta al mundo. B. A., 1914. 1 vol. de 83 pAg. 

87. La íHStual civiliisación germánica. B. A., 1914. 1 vol. 58 pág. 

88. La formación del profesorado secundario. B. A., 1914. 1 vol. de 43 pá&. 
8$*. La actual civüización germánica y la presente guerra. Segunda edi- 
ción. B. A.. 1914. 1 vol. 

90. La evolución económicO'SOcM déla épóca coUmM en ambas AmériMs, 

B. A., 1914. 1 TOL cte «8 pAff. 

91. m "peUgro alemán", en Sud-América. B. A., 1915. 1 vol de 75 pág. 

92. La UgiMacián inmobmaria tunecina. B. A., 1915. 1 vol. de 868 pág. 
U. La nulidad <M mmMmomio por impotencia del marido. B. A., 1915. 

1 vol. 

94. Las colecciones del museo histórico nacional. B. A.. 1915. 1 vol. 
95! El éxito en la vida. Discurso ante 3.000 personas. B. A., 1916. 1 voL 

96. La guerra civil de 18^1 y la tragedia de Acha. Odr4(>ba. 191t. 1 voL 

de 236 pág. «^j^^ 

97. El nuevo pammerieanismo p el congreso eiontVco de WMington. 

B. A., 1918, 1 toL de 884 pág. 

98. José Ortega Munilla: su personalidad literaria. B. A.. 1916. 1 vol. 

99. Bl significado histórico de Moreno, B. A., 1916. 1 vol. 

100. Homenaje a Mariano Moreno. 2^ ed. B. A., 1916. L vol. 

101. La vida colonial argentina: médicos y hospitales. B. A., 1917. 1 voL 

102. Vn ''hombre de letras" argentino: Angel de Sstrada. B. A., -1917, 

1 vol. 

X03. Juan B. Am^setU. Diaeiirao necrológico. B. A., 1917. 1 toL 

104. AvelUm^ MMeo, B. A., 1917. 1 vol. 

105. m pensamücnio filosófico conümporémeo. IMaeurso académico. B. 

A. , 1917. 

100. MI desenvolvi7niento social hispanoamericano. I. MI periodo precolom- 
bino. B. A., 1917. 1 vol. de 130 pág. 

107. Pujol y la época de la Confederación. B. A., 1917. 1 voL 

108. Los numismáticos argentinos. Córdoba, 1918. 1 vol. de 101 pág. 

109. La psicologia de Carlos Octavio Bwnge. B. A., 1918. 1 vol 

110. m idaal unévorsUario. Conf^reMáa. R A., 1918. 1 vol. 

111. La separaoián iudMal de hiones en ia disoludán de la sociedad con- 
/ pn^. B. A.. 1918. 1 vol. 

112. MI ideal universitario. Segunda edición. B. A., 1918. 1 vol. 

118. m día de la raza y su significado en Hispano- América. B. A., 1918. 
1 vol. 

114 La persoimlidad de Ca/rlos Guido y Spano. B. A., 1918. 1 voL 

115! La ciudad de Buenos Aires en el siglo XVUL COrdoba, 1918. 1 v* 

116. La argentinádad de la Consmtoián. B. A., 1918. 1 voL 

117. La disoiucián de la socMaé eomfngal on áorocM arponiino. 2* ed, 

B. A., 1919. 



118. La prueba cientifica de la filiación w/if n. al. Córdoba, 1919. 1 voU 

119. La figura histórica de Alberdi. Córdoba, 1919. 1 vol. 

120. La personalidad de Alberdi. Dolores, 1919, 1 vol. 

121. La figura hiscórica de Alberdi. 3» edición. B. A., 1919. 1 vol. 

122. El ostracismo de San Martín (182J^). B. A.. 1919. 1 vol. 

123. La evolución del panamericanismo. B. A., 1919. 1 voL 

124. PHmera conferencia panamericana (Wd^ington, ISSS'ISSS). B. A, 1019.. 
135. La doctrina Drago. B. A., 1919. 1 voL 

120. La doctrina Monroe: su evolución pammericana. B. A„ 19^0. 1 vol. 
187. Feminismo mrgentínoi tendencias p orientaciones. B. A.» 1920. 1 vol. 

Nota. — Las publicaciones anteriores están de venta en las principales^ 
librerías. Algunas se encuentran agotadas: Dirigirse al autor* 
Buenos Aires, calle Libertad 948. 



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